El Rocío ha sido testigo este jueves de una de sus tradiciones más emblemáticas: la ancestral Saca de las Yeguas, una ceremonia ganadera que se repite cada 26 de junio desde tiempos inmemoriales y que, en esta ocasión, ha congregado a más de 1.300 cabezas de ganado marismeño procedentes del corazón de Doñana.
Almonte volvió a convertirse en epicentro del mundo rural onubense gracias a la llegada de las tropas equinas, agrupadas por los yegüerizos tras días de intensa labor en las marismas. Desde enclaves tan característicos como Marismillas, Matasgordas o Las Mogeas, los animales fueron conducidos hasta la aldea almonteña, donde desfilaron majestuosos frente al Santuario de la Virgen del Rocío, momento culminante de la jornada que reunió a centenares de devotos y curiosos.
La tradicional bendición al ganado, oficiada por el capellán de la ermita al paso de las tropas, revistió de solemnidad un rito profundamente enraizado en la cultura marismeña. El acto se vio especialmente arropado por la presencia de autoridades autonómicas como Catalina García, consejera de Sostenibilidad, Medio Ambiente y Economía Azul, y Arturo Bernal, responsable de Turismo y Andalucía Exterior de la Junta.
Las yeguas partieron poco después hacia el núcleo urbano de Almonte, realizando un alto en el camino para el tradicional sesteo en los Llanos, detrás del Pastorcito. Desde allí, retomaron su recorrido al atardecer, con la primera tropa haciendo su entrada en el municipio pasadas las ocho de la tarde, recorriendo las calles de La Marmoleja, Feria, Altozano y Plaza de España, hasta alcanzar el Recinto Ganadero de la Huerta de la Cañada.
El dispositivo de seguridad activado por el Ayuntamiento —incluyendo restricciones temporales de tráfico en la aldea y en la ruta de las tropas— permitió un desarrollo ordenado del evento, que vincula la tradición religiosa, la cultura ganadera y la identidad colectiva del pueblo de Almonte.
Faenas marismeñas y feria ganadera
En los días posteriores, del 27 al 30 de junio, el Recinto Ganadero acoge las faenas propias de esta tradición, como el herrado y marcado de los potros, la tusa (corte de crines, cola y desparasitado), así como el mercado de compra-venta y un concurso morfológico que premia los mejores ejemplares de esta raza equina autóctona.
El día 1 de julio culminará el ciclo con la devolución de los animales a sus enclaves naturales en Doñana, conducidos una vez más por los yegüerizos. Desde la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño —entidad que aglutina a cerca de 700 socios— se ha subrayado la importancia de esta práctica ancestral para la pervivencia de una estirpe equina con características únicas y perfectamente adaptada a la biodiversidad del entorno.
Durante la edición actual, los responsables de la asociación han hecho balance del año ganadero, señalando los desafíos sanitarios y logísticos provocados por las recientes inundaciones, que coincidieron con el periodo de partos, afectando a la cría de potrillos. Pese a ello, han puesto de relieve la capacidad de adaptación de los yegüerizos y el respaldo institucional recibido, aspectos fundamentales para garantizar la continuidad de la actividad.
Una tradición con más de mil años de historia
La Saca de las Yeguas encierra una historia que se remonta a tiempos prerromanos. Crónicas de época visigoda y musulmana ya atestiguan la existencia de este rito. Según estudios del conservador de Medina Azahara, Antonio Vallejo, un manuscrito del siglo X obra del historiador árabe Isa Ibn Ahmad Al-Razi documenta el traslado de tropas equinas desde las marismas del Guadalquivir hasta el palacio califal cordobés, en lo que constituye la primera mención del término «saca».
A lo largo de los siglos, la figura del yegüerizo y el aprovechamiento del ganado marismeño con fines agrícolas, militares y rituales se ha mantenido como una constante. En 1504, una ordenanza del Duque de Medina Sidonia regularizó por escrito esta práctica, que desde entonces ha atravesado generaciones como símbolo del alma ganadera de Huelva y de su simbiosis con la naturaleza.
En la actualidad, más allá de su función zootécnica, la Saca de las Yeguas representa un patrimonio cultural vivo, declarado de interés etnológico, cuya continuidad depende de la transmisión de conocimientos y del equilibrio ecológico de las marismas. El acto, jalonado de belleza, resistencia y espiritualidad, ha vuelto a demostrar que el vínculo entre el hombre, el caballo y la marisma sigue tan fuerte como hace siglos.




