Mi luz interior | «Operación Macarena: chapa y pintura». Cuando la ignorancia se convierte en escarnio e insulto

Una ofensa intolerable a Sevilla, a la Macarena y a Andalucía

Lo que ha hecho Atresmedia al titular con el miserable rótulo “Operación Macarena: chapa y pintura” la noticia sobre el cabildo extraordinario celebrado este martes en la Hermandad de la Macarena no tiene otro nombre que asco, vergüenza ajena, desdén cultural y una repugnante falta de respeto que no puede ser calificada de otra forma que como un atropello brutal, una humillación pública y una burla inadmisible a todo un pueblo que aún se emociona al hablar de su fe y sus tradiciones. Esa frase no es sólo una falta de respeto a la Macarena. Es un insulto a toda Sevilla. Es una bofetada a Andalucía entera.

Bajo este repugnante rótulo, el grupo televisivo decidió vomitar sarcasmo y desprecio sobre una de las devociones más sagradas de Andalucía, mientras millones de andaluces asistíamos atónitos al espectáculo de la ignorancia elevada a espectáculo nacional. Una expresión zafia, frívola y profundamente hiriente, que ridiculiza sin pudor una decisión trascendental tomada con la máxima seriedad por una de las instituciones más veneradas y representativas de una tierra que ni entienden ni respetan. Una burla que, por mucho que pretenda disfrazarse de humor televisivo, retrata con crudeza el desprecio con el que se sigue tratando —de Despeñaperros hacia arriba— todo aquello que emana del alma de esta tierra.

Porque no hablamos de un evento menor, ni de una simple anécdota. El cabildo celebrado este martes, fue una asamblea multitudinaria, marcada por la tensión, el respeto y el sentido de responsabilidad, en la que la Hermandad de la Macarena sometió a votación la restauración de su Virgen de la Esperanza, confiada a las manos expertas de Pedro Manzano, reconocido profesional del ámbito patrimonial. Una decisión tomada tras un proceso serio, prudente y participativo, que involucra no solo aspectos técnicos y artísticos, sino también un hondo trasfondo emocional, devocional e identitario para miles de sevillanos y andaluces.

¿Y qué hace Atresmedia con esto? Lo empaqueta con una mueca de sarcasmo, lo convierte en chiste barato para el consumo de la España que desprecia lo que no entiende, y lanza al aire esa infame etiqueta: «chapa y pintura». Como si se tratara de llevar el coche al taller. Como si la Virgen de la Esperanza, madre espiritual de todo un barrio, de toda una ciudad, fuera poco más que un objeto decorativo sometido a un tratamiento cosmético. ¿En qué clase de cloaca informativa cabe reducir a una broma de mecánicos una decisión profundamente seria, tomada por miles de hermanos con sentido del deber, del patrimonio y del amor a su Virgen? ¿Qué clase de periodistas —si merecen tal nombre— se permiten banalizar con tanta saña una intervención sobre la imagen de la Esperanza Macarena?

Nos reímos de lo que no comprendemos. O peor aún: nos reímos con premeditación de aquello que molesta porque brilla con luz propia, porque conserva su dignidad, su estética, su liturgia, su fe. Porque molesta ver una ciudad que sigue sabiendo quién es, que defiende su patrimonio con uñas y dientes y que aún se emociona al hablar de su Virgen. Y esa Sevilla, esa Andalucía, molesta a quienes sólo entienden la cultura desde un prisma unidireccional y prepotente, incapaz de reconocer la riqueza que nace de lo diverso. Pero que nadie se equivoque: lo de Atresmedia no es un desliz; es un síntoma. Un síntoma de la indolencia moral con la que se trata, desde ciertos centros de poder mediático del centro y norte peninsular, todo lo que huela a fe popular andaluza. Para estos “profesionales” de la comunicación, las imágenes sagradas son muñecos, las hermandades son peñas, y los cabildos son reuniones de vecinos con incienso y saeta. Ni entienden, ni quieren entender. Prefieren reírse. Prefieren escupir.

Y no, no es la primera vez. Cada vez que Andalucía levanta la voz desde sus raíces, cada vez que Sevilla defiende con orgullo lo que ama, llegan los rótulos infames, las bromas de plató y los sarcasmos de barra de bar madrileña. Nos han soportado, pero nunca nos han respetado. Y lo ocurrido este martes es otra prueba, otra humillación, otro ataque. Un ataque a nuestra dignidad. A nuestra historia. A nuestra Esperanza. La imagen de la Macarena no va a ser “pintada” ni “retocada” como un coche viejo. Va a ser intervenida por uno de los mejores profesionales del país, Pedro Manzano, tras un proceso democrático, abierto y masivo. Un proceso que ha sido ejemplar en su fondo, aunque bronco en su forma, como corresponde a un pueblo vivo. Y no, eso no es “chapa y pintura”, eso es conciencia patrimonial, fe madura y devoción seria.

¿Dónde están ahora los adalides del respeto? ¿Dónde los que tanto se rasgan las vestiduras por la sensibilidad ajena? Esto no puede quedar impune. La Hermandad de la Macarena haría bien en exigir una rectificación pública inmediata. Y el Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla debería alzar la voz ante un atropello mediático que sienta un precedente inaceptable. Pero más allá de las cofradías, es la ciudad entera —con su Ayuntamiento a la cabeza— quien debería manifestar su repulsa. Porque reírse de la Macarena no es una anécdota; es burlarse del alma de Sevilla. Y eso no se puede permitir.

Ya basta. Esto no es humor, es humillación. Esto no es una anécdota, es un ataque cultural. Y si no se reacciona, si no se protesta, si no se exige una disculpa pública, lo seguirán haciendo. Porque la impunidad del desprecio siempre crece cuando se tolera. La restauración de la Esperanza no es una «operación» ni una «chapa y pintura». Es un acto de amor, de cuidado y de responsabilidad patrimonial, artística y devocional. Quien no entienda esto, que al menos respete. Y si no respeta, que no tenga el descaro de disfrazar su ignorancia con gracietas de estercolero.

¡Exigimos respeto! La Esperanza Macarena no se toca con letreros de burla. No se mancha con mofas miserables. No se convierte en chiste de pasillo. Y quien no lo entienda que tenga la decencia de no disfrazar de periodismo lo que no es más que una mueca grotesca de ignorancia y soberbia. Porque en el fondo, lo que ha hecho Atresmedia no es una anécdota: es la confirmación de que muchos medios de alcance nacional aún consideran que las devociones andaluzas están para el cachondeo o para la burla, no para ser tratadas con el rigor y la dignidad que se merecen. La Esperanza Macarena no es objeto de escarnio ni motivo de sorna. Es símbolo, es fe, es historia y es identidad. Quien no sepa verlo, que aprenda a cerrar la boca antes de ofender impunemente a todo un pueblo que jamás permitirá que se rían de lo que ama.