Miedo, tengo miedo, miedo de quererte. Miedo, tengo miedo, miedo de perderte. Sueño noche y día que sin ti me quedo. Tengo, vida mía, miedo, mucho miedo.
Si se acercaban ustedes a la calle Torrijos, podían escuchar esta canción. Ciertos defensores de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, asomados a un balcón, con la mirada puesta en nuestra principal Iglesia, entonaban un relato amoroso, una canción que pretendían hacer del pueblo cristiano cordobés, pues venían a quedarse con algo tan nuestro como cristiano, tan cristiano como apolítico, y tan valioso para seguir con el saqueo político, como muchos monumentos, museos y demás de nuestra Andalucía.
Habían puesto sus miras en el turismo, más concretamente, en el reporte económico que el turismo dejaba visitando el Templo de la Mezquita.
No tenían bastante con robar con cursos de formación para personas que los necesitaban, ni tenían bastante con las subvenciones que se llevan ciertos sindicatos y partidos políticos. No tenían bastante con la compra de votos en elecciones, con mariscadas a cambio de subidas de impuestos, con una sanidad precaria y nada fértil, con una cara tan dura como el cemento de unas calles a las cuales, les molesta, que les adornen con la cera del paso de los nazarenos, pues son eso, sus calles, faltaría más.
Y se escuchaba la canción “tengo miedo” por muchos otros rincones de la ciudad. Cada vez que algunos de los representantes de nuestro ayuntamiento (permítanme que lo ponga con minúscula) decidía hablar de la Religión Católica o las hermandades cordobesas.
El acoso a los cristianos está ya tan marcado como plausible, tan acentuado en ocasiones, como la falta de subvenciones a unas hermandades que hacen posible una fiesta cristiana que da a la ciudad un reporte económico, sobre todo en hospedaje, comercios y hostelería, que si por ellos fuera, también harían desaparecer, porque lo importante, y como todo se arregla, es cambiando el nombre de cuatro calles, para poner feministas o feminazis, según lo quieran ver, ateos, sindicalistas, y sobre todo, mucho sindicalisto, pero de su cuerda, que es lo importante.
Quizá, se empiece a cantar desde ayer esta canción en otros lugares, quizá, ya en la calle Torrijos no escuchemos ya entonar el “tengo miedo”, con mano temblorosa desde un balcón cual saeta en una madrugá angosta.
Podemos incluso, los cofrades, que estamos ya también un poco saturados, dejar de ver como por cada cumpleaños de la efeméride que sea, sacábamos a pasear a nuestros Titulares a las calles de la ciudad, como no, dirección del Templo Mayor, nuestra Mezquita, y si no, teníamos una Magna por el motivo que fuese, llevándonos a la simpleza de una ocasión especial, en vez de ser un acto inmensamente memorable por su notoriedad histórica o su significado cristiano.
Créanme, yo cuando ya me vuelven a hablar de Magnas en septiembre, también canto aquello de “tengo miedo”, miedo de perder lo majestuoso, cambiarlo por algo vulgar. Perder oportunidades históricas por simples salidas con muchas bandas de renombre, y eso que hablamos de actos religiosos y sagrados, pero la importancia y lo importante, a veces no va engrandecido en un altar móvil portado por fervientes hermanos, si no en lo de delante, detrás del mismo, o incluso, en el tapado motivo por el cuál se va a la Catedral.
Me consta, que ahora los que tienen miedo, son otros. Los que han dejado de tener miedo, bien lo se. Los que esperamos tener que dejar de tener miedo, también estamos esperando dejar de tenerlo. Pero por si acaso, Señor Obispo, Monseñor Demetrio, deje usted de tener miedo. Parece que ya nos hemos cansado de la pataleta en casa, y hemos alzado la voz en unas urnas. Parece que ya, tanta arremetida, como usted quejoso señalaba, contra la Iglesia, contra los cristianos y nuestra firme creencia, puede que haya terminado, o quizá, solamente amaine un poco, pero en unos días, incluso diría meses hasta llegar a unas elecciones generales en el país, deje de tener miedo, pues ahora puede que se hayan dado cuenta, que como otros hemos dejado de tener miedo, y ya señalamos con el dedo al saqueo, al saqueador, al válido para nada, excepto para decir u obrar pamplinas.
Si nadie tuviera miedo, no existirían canciones tan bonitas como esta, “tengo miedo”, a mí, me gustaba mucho cuando la cantaba la más grande, Rocío Jurado. Quizá, desde ayer, por falta ya de la gran artista de chipiona, podamos llevar a Susana a la Copla, ya que nos tienen saturados de ella, porque ya anoche, créame Monseñor Demetrio, que cuando la vi en televisión de las primeras personas que me acordé, fue de usted, no sé si esta señora irá a cantar a la copla o no, pero como no veo ese canal, también manchado con corrupción, no se lo podré contar.
Lo que si le cuento es que ha terminado el miedo, y no solamente a perder la titularidad de un Templo, sino a que algún día, nos señalasen por la calle como a proscritos, por tener tal o cual creencia. Ya parece, que todos, podemos tener la que queramos, y yo, ya no tengo miedo.
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