Momentos de la Magna: el encuentro de los Dioses

Sevilla es una ciudad de contrastes como ha quedado demostrado en infinidad de ocasiones.

El pasado domingo, sin embargo, el contraste fue llevado a la máxima potencia antes de la celebración de la procesión Magna.

Todas las televisiones, las radios y la prensa escrita estaban expectantes por el encuentro veintinueve años después de las dos esperanzas, pero nadie reparó en el milagro que estaba a punto de suceder.

El Señor de Sevilla, en su tránsito por la Seo hispalense, se cruzaba con la imagen del Cristo de San Agustín, de la Hermandad de San Roque, que presidía una de las capillas con motivo de la exposición que tiene lugar en el templo mayor de la ciudad.

El paso del nazareno de San Lorenzo reviraba en ese instante y se posicionaba frente al crucificado. Y ahí se obraba la foto que acompañamos en este artículo.

Ese saludo, que para algunos puede resultar protocolario y sentimental, entraña mucho más que una simple formalidad. El Cristo de San Agustín fue la devoción más importante de Sevilla hace varios siglos, y el Gran Poder es el Dios al que Sevilla le reza hoy por encima de cualquier otra devoción.

Pasado y presente se daban la mano como si no hubiera pasado el tiempo, resumiendo la historia de esta tierra en una simple foto y en una insignificante cumplimentación.

Esa es la magia de este bendito lugar del mundo que lleva por bandera al Señor y a su madre la Santísima Virgen, donde lo más improbable se hace un hecho verídico que pasa rápidamente a los anales de la historia.