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Nace en Córdoba un grupo de fieles en torno a una centenaria imagen que fue titular de la Soledad de los Plateros, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI

Nace en Córdoba el germen de una nueva corporación, un Grupo de Fieles que, bajo el nombre de Soledad de Nuestra Señora nace en torno a la Virgen de la Soledad, una bellísima imagen centenaria -que pueden apreciar en toda su dimensión gracias a las fotografías cedidas por Alejandro Muñoz– localizada en un pequeño retablo de la nave de la Epístola de la Iglesia de la Merced (Diputación de Córdoba). Dicha dolorosa fue titular de una importante cofradía, conocida con el sobrenombre de la Soledad de los Plateros, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI.

Según ha informado a Gente de Paz sus promotores, Guillermo López Merino, el objetivo de este grupo no es otro que devolver al culto esta bella imagen cargada de unción, así como poner en valor la historia que la envuelve tanto a nivel devocional como patrimonial. Se retoma así una importante devoción del pueblo cordobés hasta que, en la segunda mitad del siglo XIX, por las vicisitudes históricas del momento, quedó en el olvido.

Tras ser identificada y recuperada por el historiador del arte D. Francisco Mellado Calderón, la imagen volvió definitivamente al retablo que antaño la cobijara en el Convento de la Merced, donde aún sigue recibiendo las plegarias de quienes la contemplan.

Hoy, 19 de diciembre de 2020, se celebrará a las 20:00 horas la primera misa en honor a la Soledad de Nuestra Señora, iniciándose así la actividad del Grupo de Fieles, que tendrá su punto álgido el tercer sábado de cada mes con la celebración de la Eucaristía junto a la Santísima Virgen, además de la realización de distintos actos que, si las circunstancias lo permiten, se irán desgranando los próximos meses.

Nuestra Señora de la Soledad | Foto Alejandro Muñoz

Según ha concretado a este medio Guillermo López Merino, el grupo está conformado por unas 15 personas. López ha explicado que «entre los miembros del grupos nos encontramos varios historiadores e historiadores del arte. Reparamos en esta imagen hace algún tiempo y, conocedores de su historia, nos pareció necesario ponerla en valor tanto patrimonial como devocionalmente» y ha añadido que «nuestro espíritu no es otro que devolver la devoción a la imagen que tuvo siglos atrás».

Cuestionado acerca de si este proyecto nace con el objetivo de terminar, algún día, con la erección de una hermandad, nuestro interlocutor ha subrayado que «es algo que no está en nuestra mano. La titularidad de la imagen es de la Diputación y por ello sólo pretendemos, como he dicho, ponerla en valor y conformar un grupo cristiano en torno a ella. En el futuro será lo que Córdoba quiera que sea«.

Precisamente de esta bellísima imagen nos hablaba en 2014 en Gente de Paz Marcos Fernán Caballero en un interesantísimo artículo en el que desvelaba cómo se encontró con esta dulcísima dolorosa en una exposición que tuvo lugar en noviembre de 2009, en San Agustín bajo el título “Angustias: historia y patrimonio”, que organizó la Cofradía de las Angustias para clausurar los actos desarrollados durante 2008 para conmemorar su 450 aniversario fundacional. Allí se hallaba a la antigua talla de Nuestra Señora de la Soledad.

Nuestro compañero reproducía de manera íntegra el texto del catálogo en el que se describía a esta antigua talla, realizada precisamente por Francisco Mellado Calderón:

Durante más de cuatro siglos el crucero del lado de la Epístola del antiguo convento de Nuestra Señora de la Merced estuvo ocupado por el altar de la titular de la cofradía que le rendía culto a la Soledad de Nuestra Señora. Las fuentes documentales no han aportado dato alguno sobre la fundación de la misma, si bien, a partir de 1569 varios documentos acreditan su existencia. Sus reglas permanecerán vigentes hasta la primera mitad del siglo XVIII cuando se redactan las nuevas.

La cofradía de la Soledad procesionaba en la Semana Santa cordobesa en la tarde del Viernes Santo. Tras varios siglos de esplendor, bien entrado el siglo XIX la cofradía languidecerá hasta su definitiva extinción.

Nuestra Señora de la Soledad | Foto Alejandro Muñoz

Todas estas interesantes aportaciones históricas, han sido meticulosamente documentadas por el historiador Juan Aranda Doncel, cobrando toda su dimensión al ser localizada la imagen de la Virgen de la Soledad. La efigie había estado en la iglesia de la Merced hasta la intervención del arquitecto Rafael de la Hoz en el antiguo convento, años antes del fatídico incendio del templo en 1978, de ahí que la imagen se salvara.

De la Hoz, junto a su equipo, desmontó los retablos e imágenes de la iglesia debido a su mal estado de conservación, trasladando éstos a distintas dependencias de la Diputación, con el paso de los años e inevitable deterioro fueron relegándose a un segundo plano acabando muchas de estas obras en paradero desconocido.

Afortunadamente, tras una ardua labor de investigación, la imagen que nos ocupa fue localizada en las atarazanas de la Institución Provincial, situadas en el Parque Figueroa, desde allí fue traída y depositada de nuevo en la iglesia de la Merced.

La Virgen de la Soledad es una imagen de candelero, preparada par ser vestida, a través de las cuentas de la Cofradía sabemos que la imagen fue adquirida en Granada en la segunda mitad del siglo XVII (dato que nos corrobora que vino a sustituir a la imagen fundadora de la cofradía) y que costó 400 reales: “Costó la imagen de Nuestra Señora en Granada 400 reales, las lágrimas llanas y redondas 50 reales, y los tornillos que se hicieron dos veces para la diadema 7 reales, de traída de la imagen de Granada, 27 reales, de entallar la imagen 20 reales, de la cruz verde 45 reales”.

Gracias a estas cuentas sabemos que la imagen que ha llegado a nosotros presenta varias restauraciones, la primera de ellas tuvo lugar en 1730, tal y como corroboran los gastos de “componer el rostro, ojos y pestañas”; la segunda en 1740 pagándose por componer el “rostro y echar manos nuevas”. De ahí que el actual responda a las creaciones de mediados del siglo XVIII, con rasgos que pueden relacionarse con la estética intimista y ausente que pervivía en la imaginería de la época.

Quizás esta última intervención, y atendiendo a algunos detalles concretos de
la imagen, pudo ser llevada a cabo por Alonso Gómez de Sandoval que por esas fechas se encontraba trabajando en el cenobio mercedario. Con todo, la Virgen de la Soledad muestra un afligido y cabizbajo semblante de mirada fija en el fiel que la contempla desde abajo. Su expresión es meditabunda de dolor contenido, presenta labios sellados y grandes y abultados ojos de donde afloran lágrimas de cristal que le recorren la cara. En cuanto a la policromía, aunque algo alterada, se vuelve más sonrosada en las mejillas y párpados para expresar aún más el dolor.

En cuanto a su indumentaria, la Virgen vestía a la usanza de las antiguas dolorosas, saya, manto, rostrillo, toca monjil y adornado el pecherín con encajes y perlas. Sobre el pecho el corazón con los siete puñales y tocada con una diadema de plata. Está documentado que la imagen poseyó un ajuar bordado entre el que sobresalían diversas prendas realizadas por el prestigioso bordador Bartolomé Gómez de los Ríos.

Tras su recuperación ha sido sometida a una restauración en el módulo de la imaginería de la Escuela Taller “Palacio de la Merced” dependiente de la Diputación de Córdoba, bajo la dirección de su monitora Elisa del Río Cadenas de Llano, en esta intervención se le han reintegrado las partes de la policromía perdidas, igualmente se le ha dotado de un nuevo candelero y un juego de manos, perdidas por el paso del tiempo, éstas han sido modeladas, siguiendo los modelos de la época de la imagen, por el imaginero cordobés Antonio Bernal Redondo. 

Nuestra Señora de la Soledad | Foto Alejandro Muñoz

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