A pulso aliviao, 💙 Opinión

¿Nazarenos o caramelos?

Enero avanza pausado, a ritmo de marcha romántica y melancólica, hacia un destino que, a pesar de el positivismo irrefrenable de empresarios, políticos o incluso alcaldes, vuelve a nublarse por esta dichosa pandemia que sigue marcando el compás.

Eso sí, pase lo que pase en los próximos meses, no hay duda alguna de que la Semana Santa se va a anunciar desde Matalascañas hasta Cabo de Gata, llenando de Pasión evocada toda Andalucía.

Y ante esta realidad y el contexto que se está viviendo, ¿cuál sería para ustedes el cartel perfecto que captaría a las mil maravillas el anhelo común de los cofrades de Sevilla, Málaga o Córdoba?

Este humilde redactor lleva días dándole vueltas a esa idea, y tanto la razón como el corazón le llevan a retrotraerse a finales del siglo XIX para hallar la obra pictórica que delimite con la magia de sus trazos todo lo que se espera de los días de la Pasión que, ojalá, llenarán las calles de esta bendita tierra en 87 días.

Y ese cartel soñado no es otro que el archiconocido «Nazareno, dame un caramelo» de José García Ramos, realizado hace más de 100 pero con todo el sabor el regusto de cualquier semana grande de nuestros días.

Cuadro «Nazareno, dame un caramelo», de José García Ramos.

Pues fíjense que a pesar de lo que ha llovido desde entonces, este lienzo no caduca; todo lo contrario, mejora como el buen vino y cobra una actualidad impresionante gracias al insaciable virus.

Y es que tal vez no se han percatado pero el nazareno, ese actor secundario único, histórico e indispensable de la Semana Santa, es el único elemento de la religiosidad popular que lleva tres años sin salir a la calle.

¿No se habían dado cuenta, verdad? Durante los últimos meses los rincones de la comunidad andaluza ha visto Magnas, procesiones extraordinarias, misiones, cruces de guía, estandartes, pasos de palio y hasta costaleros. Ni siquiera el aguaor a faltado a la cita.

Pero el nazareno, con sus kilos de caramelos y la cera para las bolas de los niños que se agradan poco a poco cada 12 meses, cuenta las hojas del calendario para planchar la capa, coser los botones de la túnica o volver a colocar las hebillas en los zapatos.

Los hermanos de antifaz y esparto, de cola y cíngulo, de Merino y terciopelo, sueñan con volver a vestir la ropa de su hermandad en la próxima Estación de Penitencia, igual que el nazareno que pintara García Ramos hace más de un siglo y que describe magníficamente la próxima Semana Santa.

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