No hay paz por Bustos Tavera

El anuncio esta semana de que el próximo 10 de mayo se celebrarán elecciones en la Sagrada Mortaja ha venido a traer un soplo de aire fresco en el seno de una corporación que atraviesa momentos complicados desde que el que fuera su hermano mayor, José Ángel García, decidiera renunciar a finales del pasado año.

Recientemente la iglesia del antiguo convento de la Paz ha acogido varias celebraciones. Y los hermanos han podido palpar las divisiones internas que esperan acaben llegando a su fin antes de que tenga lugar el cabildo general de elecciones. Cuatro oficiales que abandonan su puesto tras una gestión que ha merecido no solamente el reconocimiento de quienes pertenecen a la hermandad sino de miembros que, ajenos a esta, han conocido de cerca cómo han ido dándose importantes pasos que ahora parecen haberse borrado de un plumazo.

Las dificultades en las juntas de gobierno no son nada nuevo. En 2018 se anunció la dimisión precipitada de Fernando Mora-Figueroa. Fricciones que no se resolvieron y que provocaron unas elecciones anticipadas donde se alzó como hermano mayor Juan Cruzado. Me comentan que Mora-Figueroa llegó a escribir una carta como despedida con la ilusión de que fuese publicada, pero quedó en un cajón. No vio la luz, aunque estuviera llena de buenas palabras para quienes habían estado acompañándole durante todo el tiempo que estuvo al frente del Amor.

Las desavenencias internas terminan empañando la imagen de cualquier hermandad. Y aunque parece difícil que casen complicadas situaciones con lo que tendría que ser la atmósfera que reine en el mundo de las corporaciones, principalmente vínculos donde prime la comunión entre sus hermanos, nos olvidamos de que en ocasiones las personas se encuentran con senderos que terminan dividiendo en tiempos donde la unión quizá ha de ser más sólida que nunca.

Ojalá pronto las elecciones vengan a traer la calma a la Hermandad de la Sagrada Mortaja. Y si es antes de que llegue el mes de mayo seguramente los hermanos acaben agradeciendo que la tranquilidad se vuelve a instalar entre las paredes encaladas por las que ya trepan los días buscando la cuaresma.