El Capirote, 💙 Opinión

No hay remedio para esta enfermedad

La Cuaresma nos sirve como tiempo de preparación pero en los cuarenta días que transcurren uno puede acabar analizando algunos comportamientos que quizá estén presentes en la próxima Semana Santa. Son tantos los actos y cultos que desarrollan las hermandades y cofradías que la asistencia de fieles anticipa el numeroso público que está por venir y que llenará las calles. Porque a pesar del coronavirus nos echaremos a la calle, como estamos comprobando durante estos días.

Hace escasas horas Jesús Yacente ha realizado su anual Vía Crucis. Cita imprescindible máxime si tenemos en cuenta que puede admirarse una obra que el Sábado Santo, cuando acude a la catedral en su urna, apenas deja apreciar la hechura de una imagen que en sí misma es un prodigio al que dio forma Juan de Mesa.

La afluencia de fieles pone de manifiesto cómo será la Semana Santa que está por venir. A su llegada a la espaciosa Plaza del Museo el cuchicheo cesó en contadas ocasiones. Una hermandad puede preparar un acto desde hace semanas y el esfuerzo caería en saco roto si los fieles no hicieran acto de presencia, si no acompañaran a los sagrados titulares. Y el público, si se lo propone, logra desestabilizar los actos si abandona cualquier atisbo de educación. Unos necesitan de los otros para conformar una sinergia donde ambas partes salgan favorecidas. Reforzar la fe, el compromiso con la Iglesia, componentes esenciales más necesarios cuanto más laicismo nos acecha.

El respeto como principio y la consideración hacia el prójimo en los actos cofradieros, extensible a todos los demás, advierte de la presencia de un entendimiento mutuo que origine comprensión y armonía. Durante el recorrido de Jesús Yacente esta misma noche, ¿cuántos fieles podían rezar las estaciones sin que se vieran interrumpidos por la presencia de otros que buscaban tomar fotografías de la imagen? ¿Hasta qué punto tiene la balanza que desequilibrarse para que seamos conscientes de que con nuestros actos y únicamente con la ejecución de estos terminamos afectando al desarrollo de los cultos? ¿Caemos en la cuenta de que nuestras acciones provocan un efecto sobre los demás? Si la respuesta es afirmativa, ¿abordamos los aspectos negativos? ¿Dónde quedó la compostura? ¿Y la educación?

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