El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

«No le toques ya más»

«…que así es la rosa», dijo Juan Ramón Jiménez en una de sus poesías más cortas a la par que conocidas. Los versos me vienen a la memoria una vez que se ha conocido el cabildo extraordinario al que han acudido los hermanos de las Siete Palabras para votar sobre el cambio o no de la Virgen de la Cabeza.

La cuestión ha llenado horas de programas en radio y televisión amén de artículos de dudosa calidad si nos atenemos al escaso conocimiento de quienes lo han escrito. Algunos, no todos, porque también los ha habido de calidad, aunque lo que ha proliferado han sido las mismas teorías y movimientos idénticos a otras ocasiones cuando lo que se ha pretendido ha sido influir de manera exagerada sobre la opinión pública, más en concreto sobre los hermanos de la corporación.

Los que seguimos el mundo de las cofradías apasionadamente hemos acudido a un debate potenciado por los medios. De un lado los que han tratado el asunto como tal y otros lanzando argumentos torticeros con la anuencia de miembros a los que les habría beneficiado permanecer en la sombra, pero que alentaban a sus colegas periodistas a emitir opiniones que solo tendrían que haberse mantenido en el ámbito privado.

Entre los argumentos más repetidos, su procedencia. La dolorosa que antes fue ángel. ¿Acaso desmerece esto a la imagen? ¿Hay tal desconocimiento sobre obras que fueron reconvertidas en otras y por eso nos llevamos las manos a la cabeza? ¿Debería de preocuparnos antes nuestra ignorancia?

Otro argumento frecuente: la mala calidad de la imagen. «Puestos a cambiar, ¿sabes con cuántos palios nos quedaríamos», en alusión a las dolorosas, me comentaba un crítico de arte muy conocido. Tal razonamiento me recuerda a una frase atribuida a Goebbels, ministro de Información y Propaganda de Hitler, quien supuestamente afirmó aquello de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

Sea o no cierto el escaso mérito artístico, nos lo han repetido tantas veces que quienes no están formados en Historia del Arte, Bellas Artes o cualquier otra disciplina relacionada con la escultura se creen una cuestión sin tan siquiera ponerla en duda. Entonces nos olvidamos de otras imágenes y llegamos a pensar en que la Virgen de la Cabeza es la única imagen que habría que cambiar de toda la Semana Santa.

Otro de los razonamientos, manido hasta la saciedad, afirma que la Semana Santa ha ido siempre buscando la excelencia artística. Y es algo tan rotundamente falso que a base de repetirlo hemos llegado a creerlo. Te impresionarías, querido lector, si te revelase aquí con documentación, qué juntas de gobierno encargaron imágenes a escultores del siglo XX solo porque eran más baratos que otros, que habrían elevado con creces el nivel de nuestras cofradías. ¡Pero es que la cuestión económica la encontramos hasta en tiempos de Martínez Montañés! Esa es una historia que seguramente conoces. Puestos a querer subir el listón seguimos viendo barroquismo varias centurias después, repitiendo los bordados que imperaron en Reino Unido en el siglo XIX. Y así tendríamos ejemplos en todas y cada una de las artes y oficios de la Semana Santa.

Reflexiones algunas de ellas escuchadas a través de las ondas o leídas en prensa. Y a las que hemos contribuido incluso pensando lo contrario. Porque a los medios les basta con que hables ya sea bien o mal, y transmitas el mensaje. En el mundo de la comunicación lo peor que puede pasar es la indiferencia. Y si no hubiéramos dado alas a ciertos periodistas no habríamos contribuido a que se hubiera seguido hablando del tema porque a menos clic mayor cambio de estrategia. Pero hemos participado leyendo al señor Cretario, —por si no les suena les recuerdo aquella polémica sobre la hermandad de los Gitanos y el Ku Klux Klan— y algunos hasta han creído a pies juntillas lo que emitía el periodista. El examen de conciencia también hay que hacerlo de puertas hacia adentro.

Santa Rosalía ha sido el escenario escogido. Y allí los hermanos han sido testigo de una votación que ha arrojado como resultado la permanencia de la actual dolorosa. Ahora volverán las columnas en esa prensa —seria dicen— que se ha ensañado contra la corporación, en el programa de escasa andadura que desde el minuto uno hizo campaña por la dolorosa de Miñarro o en la radio. Apuesto a que uno de los argumentos será el escaso margen de votos y la crispación en el ambiente. Continuarán en la misma tónica. Bien podrían preguntarse si tanta campaña no ha acabado provocando cierto hartazgo entre algunos de quienes preferían el cambio.

A fin de cuentas, los hermanos han hablado. El resultado se ha conocido prácticamente en cuanto ha tenido lugar la votación. Y han preferido que la titular se quede donde está. Más allá de todo argumento, de las cuestiones que se han aireado, lo más justo ahora es dejarlos tranquilos. Y respetar su decisión. Porque las heridas, que se han provocado desde dentro y fuera, en tertulias, sintonizando el dial y haciendo clic, tardarán tiempo en cerrarse. Ahora, lo más sensato que podríamos hacer sería darnos la vuelta y dejarlos junto a su Virgen de la Cabeza.

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup