No todo el avance es progreso, ni todo el volver al punto de origen es retroceso

No todo el avance es progreso, ni todo el volver al punto de origen es retroceso. Como todo en la vida, el mundo cofrade también avanza, evoluciona, pero también hay momentos en los que se vuelve a los orígenes.

Por ejemplo, las composiciones de Semana Santa parecen avanzar, pero hay casos (que no todos) en los que se dejan de componer marchas para componer obras que rompen con los esquemas de la música cofrade de siempre. No digo que no sean aptas, pero parece que pierden la esencia. Sin embargo, hay bandas a las que estas composiciones les salen, de una forma que gusta al público, y otras a las que no. 

Este año y quizá el anterior también, muchas bandas han recuperado marchas clásicas o de hace algunos años, que son las que parecen que se están volviendo a demandar en las hermandades si no eres una banda como las Cigarreras o la Pasión de Linares (entre otras), a las que sí les funcionan estas nuevas composiciones.

En cuanto a uniformidad, se está volviendo al traje clásico, aquel que sea más cómodo para el músico pero que a la vez luzca de forma discreta, para que la gente se fije lo máximo posible en la música. Parece que se ve cada vez menos el típico traje cargado de bordados, con colores llamativos y diseños peculiares.

También, y aunque sea más difícil de ver, sobre todo en los pueblos atrás quedó la forma de andar con cambios constantes en los pasos. Parece que se está volviendo a andar con paso constante, de forma clásica, y sin buscar el espectáculo, con seriedad.

Por último, progreso tampoco es ir de banda en banda, como las abejas de flor en flor, para presumir de currículum. No es progreso ni para el músico ni para la formación. Lo mismo pasa en el mundo del costal.

El progreso es ser fiel a unos ideales, los cuales serán más o menos vistosos en función de las modas del catetismo cofrade, al igual que el retroceso, pero se debe a las formaciones y hermandades que se dejan guiar por este grupo.