El Capirote, Opinión, Sevilla

Nuestro mayor tesoro

Dos años sin ella y llegó una Semana Santa como las de antaño. Pero no como las que recordábamos hace dos décadas sino como la que habitaba en la ciudad en 2019. Ha habido retrasos, aglomeraciones, mala educación, bares chapados y saetas que casi llegan a durar más que el «Miserere» de Hilarión Eslava. Aspectos que hace medio siglo no existían. O quizá haya alguno de ellos pasara de puntillas cuando ahora lo hacen a bombo y platillo. Una discusión por ver una cofradía podía repetirse. Hoy es raro el cruce donde no se enzarzan los que quieren pasar y los que parecen haber alquilado el metro cuadrado sobre el que pisan. Y cruces hay muchos.

Los tiempos han cambiado para todos. También para un componente esencial: el nazareno. Nuestro mayor tesoro aunque ahora busquen demonizarlo y culparlo de todos los males que acechan a nuestra Semana Santa. Han crecido exponencialmente y se ha orquestado contra él una campaña de desprestigio. Porque hay quienes ven un espectáculo en vez de una celebración religiosa y el tedio de estar horas esperando parece haber encontrado un culpable: el número de nazarenos.

No, parece que la culpa no es de los cruces que vienen a ser parches en vez de una solución duradera. Tampoco de las entradas eternas en la Campana, izquierdazos, culebreos, culeos, y toda una terminología que en campo del costal se hace interminable. Y mucho menos la culpa de los retrasos no la tienen los organismos que después de dos años no han tenido tiempo de solucionar nada. Pensábamos que harían algo, debimos pensar mal. Porque con las elecciones a la vuelta de la esquina mejor no tocar nada y que pase lo que tenga que pasar antes de meter la tijera y que algún voto se nos pierda. ¡Qué listos!

Ahora la campaña de desprestigio se vuelca contra el nazareno. El que sale a hacer su estación de penitencia, el que vive con fe cada instante. Molestan porque te impiden ver en veinte minutos una cofradía. Y tienes que esperar en ocasiones dos horas. ¡Pues váyase usted a buscar los pasos! ¡O quédese en su casa!

Los nazarenos son esenciales. Vemos pasos sin música, bandas con menor número de componentes. Pero, ¿se imaginan cofradías sin nazarenos? Cada hermano tiene derecho a realizar su estación de penitencia. ¿A quién se le ocurrió la idea de limitar los cortejos? Ellos aguantan estoicamente los parones, soportan la lluvia, las altas temperaturas, que el Sábado dobló los cirios, aguardaron junto a sus titulares cuando en las carreritas la Sevilla rancia los dejó solos. Y permanecen dando forma a la cofradía, a duras penas, como aquellos vacíos que cada año vemos por Reyes Católicos de la hermandad de la Estrella, por mencionar algún ejemplo.

Nazarenos de la Estrella llegando al puente de Triana

Piensan que limitando el número se mejorará la Semana Santa. Y se ceban con el nazareno porque es el actor sin voz ni voto. Detrás no tiene un capataz que alce la voz, ni un director de música que dé la cara por ellos y que pueda acudir a un programa cofradiero a loar sus hazañas. Ni siquiera las hermandades son capaces de dar un golpe en la mesa y defender un patrimonio humano que por sí mismo es emblema de nuestra celebración más universal.

Y siguen estando presentes cada año. Conjugan las horas con el más profundo de los silencios. Da igual que lleven al centro el azahar desde el Porvenir o el albero desde el Arenal. Que sean médicos, empresarios o albañiles. Bajo el antifaz todos acaban siendo iguales. Y como tal padecen del mismo modo. Dolor de espalda, escalofríos, lipotimias… Descalzos pisan la cera ardiendo, las cáscaras de pipas y los cigarros encendidos, como aquella hermana que después de dos años por fin pudo hacer su estación de penitencia junto a su Nazareno de la Salud desde el antiguo convento del Valle.

No, no podemos dejar que se siga atacando al nazareno, que se menosprecie en foros ni en tertulias. Que la pregunta sobre la reducción de estos sea una tónica dominante en espacios televisivos que busquen el titular fácil. Quienes amamos la Semana Santa debemos cuidar de los nazarenos. Ellos dan sentido a nuestra Semana Santa.

La cofradía del Valle espera el paso de la cofradía de Pasión