Nuestro Padre Jesús de la Sangre llevará corona de espinas y vestirá de blanco en el Vía Crucis de las Hermandades

Este sábado, Córdoba vivirá un acto de devoción singular con el Vía Crucis de las Hermandades y Cofradías, presidido por la sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús de la Sangre en el Desprecio del Pueblo. La imagen, vestida con túnica blanca y portando, por primera vez en la historia, la corona de espinas, se convierte en un símbolo evangélico que refleja el rechazo de Cristo por parte de su propio pueblo, cuando se exige la liberación de Barrabás a cambio de su crucifixión, ofreciendo una mirada profundamente bíblica del pasaje.

La profundidad del Desprecio del Pueblo

El misterio que representa la Hermandad del Císter sitúa a Jesús ante el pueblo en el momento decisivo del proceso romano. En esta escena, los evangelios narran la elección de Barrabás y el rechazo del Señor. Dentro de este contexto de humillación pública, los soldados romanos coronan a Cristo con espinas y se burlan de Él, tal como recogen Mateo (27,29), Marcos (15,17) y Juan (19,2). La coronación de espinas, lejos de ser un elemento exclusivo del Calvario, forma parte integral del desprecio que Cristo sufre antes de la crucifixión, y su presencia en la escena del Desprecio del Pueblo mantiene una fidelidad absoluta al relato evangélico.

La talla de Nuestro Padre Jesús de la Sangre, obra del maestro Antonio Eslava, ya sugiere la coronación mediante los regueros de sangre que recorren su frente, remitiendo directamente al castigo de la corona de espinas, aunque tradicionalmente la imagen no la portara. Su cabellera abundante y ondulada permite colocar la corona con naturalidad, mientras la frente amplia, la inclinación leve de la cabeza y la expresión de sufrimiento sereno refuerzan la coherencia iconográfica de la imagen.

Un mensaje catequético y espiritual

La incorporación de la corona de espinas no introduce una lectura nueva del misterio, sino que hace visible lo que la escultura ya sugiere. En la imaginería andaluza, la representación de Cristo paciente coronado de espinas es constante, evocando su realeza paradójica: un rey humillado que vence desde la entrega. El modelo del Jesús de la Pasión de Martínez Montañés sirve de inspiración formal para el Señor de la Sangre, enmarcando la decisión dentro de una tradición artística y devocional consolidada.

El uso de la túnica blanca no responde a una licencia ornamental, sino a una afirmación de fe. Cristo, despreciado por los hombres, aparece como el Cordero victorioso, cuya sangre blanquea las vestiduras de los redimidos, cumpliendo la visión del Apocalipsis que describe a los redimidos como aquellos que «han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero» (Ap 7,14). Además, el color blanco remite a la pureza requerida de los corderos inmolados en la Pascua, según el Antiguo Testamento (Éxodo 12). La combinación de la túnica blanca con la corona de espinas ofrece una catequesis visual: la corona expresa la humillación infligida por el mundo, mientras que la túnica proclama la inocencia del Hijo de Dios, manifestando la paradoja central de la Pasión: el Inocente es condenado y desde esa injusticia brota la misericordia.

La realeza de Cristo en la humillación

La coronación con espinas, realizada por los soldados para ridiculizar a Jesús, se convierte, desde la fe cristiana, en una proclamación involuntaria de su realeza. Cristo reina desde la cruz, y la corona se transforma en un signo visible de un reino que no se impone por la fuerza sino por amor. La sangre que brota de la corona enlaza con el lema del Vía Crucis: “La sangre derramada abre el camino de la Misericordia”. El Desprecio del Pueblo no representa el final de la historia, sino el inicio de la redención.

La túnica blanca anuncia la victoria de la salvación; la corona de espinas, el desprecio sufrido; y la sangre derramada, la Misericordia que se ofrece a todos. Esta representación del Señor de la Sangre convierte la contemplación del Vía Crucis en un verdadero camino hacia la Pascua, una catequesis viva en la que el Rey coronado de espinas abre, con su sangre, el camino de la salvación.

Una estampa histórica

La estampa que presentará Nuestro Padre Jesús de la Sangre en este Vía Crucis de las Hermandades será un momento histórico y sobrecogedor, donde la corona de espinas y la túnica blanca crean una escena de profunda intensidad visual y espiritual. Cada gesto, cada detalle de la imagen, invitará a los fieles a contemplar la Pasión con reverencia, ofreciendo una visión única y majestuosa del Misterio del Desprecio del Pueblo que quedará grabada en la memoria de la ciudad como una de las estampas más memorables y evocadoras de la Cuaresma de 2026.