La prohibición de la peregrinación de la Esperanza de Granada desata indignación entre numerosos cofrades que tachan de prepotente la actitud del Arzobispado
La reciente resolución del Arzobispado de Granada, que “no autoriza” la peregrinación jubilar de Nuestra Señora de la Esperanza hacia la Basílica de las Angustias el próximo 20 de diciembre, ha vuelto a poner de relieve la profunda tensión existente entre gran parte del mundo cofrade y la jerarquía eclesiástica andaluza. Aunque la Hermandad de la Esperanza ha mantenido un tono institucional y respetuoso en su comunicado para informar sobre la negativa, numerosos cofrades han manifestado su indignación y una creciente sensación de vergüenza ante lo que consideran “una nueva cacicada” por parte de Palacio.
El tono prudente de la Hermandad contrasta con la perplejidad y malestar que ha suscitado el decreto entre los cofrades, no tanto por la simple negativa, sino por la manera prepotente en que está redactado. En el escrito se puede leer: “Se insta a la Hermandad a participar activamente en el Jubileo para Hermandades y Cofradías […] no autorizando dicha solicitud de peregrinación”, frase que ha sido interpretada por muchos como un claro ejemplo de autoridad mal entendida.
La elección del verbo “instar” ha provocado especial rechazo. Para muchos cofrades, se trata de un término que destila “soberbia y prepotencia”, completamente inapropiado para una institución que debería acompañar, dialogar y comprender la realidad de las hermandades. No son pocos los que denuncian que, con este tipo de redacción, el Arzobispado “no solo niega el pan y la sal a una hermandad, sino que además pretende obligarla a sonreír mientras acata órdenes cuyas consecuencias nadie explica”, generando un clima de humillación y tensión.
Más aún, la frase “confiamos que la celebración comunitaria del Jubileo sirva para consolidar el crecimiento espiritual y pastoral de todas las Hermandades…” no solo resulta paternalista, sino que lleva implícita una insinuación intolerable que refleja una visión jerárquica y despectiva: los cofrades, según esta lógica, estarían situados en un plano de inferioridad espiritual respecto al clero y otros grupos diocesanos. Para muchos devotos, se trata de un gesto profundamente humillante y vergonzoso, que evidencia que buena parte de la jerarquía eclesiástica ni comprende ni respeta la labor de las hermandades.
Mientras la Hermandad de la Esperanza mantiene la elegancia institucional que siempre la ha caracterizado, esta nueva decisión ha incrementado un clima de desconfianza y malestar dentro del mundo cofrade. Muchos consideran que episodios como este demuestran que, en ocasiones, las cofradías tienen al enemigo en casa, y que la jerarquía eclesiástica no siempre reconoce ni respeta la autonomía y el valor de estas corporaciones. La sensación de desamparo, de abandono ante actos de soberbia y prepotencia, se ha vuelto cada vez más patente en el universo cofrade granadino.





