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El viejo costal, Opinión

Nueva temporada

Pues en las medianías del otoño, es cuando se empieza a mover la cosa esa de las cuadrillas, es cuando las Hermandades deciden “normalmente” en que manos deja depositada la responsabilidad de dirigir sus pasos en las calles, o si mantienen las que tenía con anterioridad, es cuando los capataces deciden cuales son las mejores y más idóneas fechas para su igualá, que no coincidan con las de otras cuadrillas, o con las de otros capataces con más o menos tirón, para evitar rivalidades absurdas.

Es cuando las redes sociales despiertan de un largo letargo, y con los primeros mensajes de “¿Alguien sabe cuándo se iguala en…?”, “¿te has enterado que el nuevo capataz es…?”, y otros de similares apariencias.

Pero lo verdaderamente raro es que muy pocas veces aparezca el nombre del titular, causa que debería ser la única necesidad de servir como costalero, he leído con dolor mensajes del tipo “yo salgo con el caballo, eso pesa una cosa mala …” “yo con … no veas como le pesa…”, y similares comentarios de muy bajo valor.

Cosas de muy bajo valor pero que despierta intereses, valores, pasiones, envidias y rencores. Al mismo tiempo los listeros preparan convocatorias, se acuerdan horarios con las juntas de gobierno, recorridos de los ensayos, horarios de los mismos, refrigerios para los esforzados, permisos del ayuntamiento, y un millón de cosas todas necesarias, todas coordinadas, todo listo para el inicio de esta “nueva temporada”.

Y es que quiero señalarte que lo único necesario es una humilde gana de servir al titular de tú Hermandad, sea como sea, pese como pese, esto hermano de trabajadera no es ningún deporte, no es ninguna temporada, esto hermano de trabajadera no es afición, esto no es un reto, ni una prueba de resistencia, ni es deporte alguno, es solamente un servicio, y quien viene a servir, lo único que ha de conocer bien es a quién se sirve.

Y en esto es donde fallamos la inmensa mayoría de los costaleros, somos hombres fuertes en lo físico pero muy débiles en lo espiritual, vamos al gimnasio y nos preparamos con pesas, con ejercicios aeróbicos y lucimos anchas espaldas y fuertes piernas, pero nuestras almas están debilitadas por nuestra falta de preparación, nuestra catequesis en la calle se transforma en unos burdos desfiles de costales multicolores, camisetas de tirantes y cuerpos ejercitados, pero además de visitar el gimnasio para fortalecer nuestro cuerpo, también deberemos de frecuentar los sacramentos para conocer el origen de nuestra fe y fortalecerla, aumentando así el componente espiritual.

Esto señores ha de ser un ejercicio del alma, un encuentro en la soledad y el silencio, en el claustro de las trabajaderas y sentirnos humildes servidores, Cirineos de Él o de Ella, anónimos oradores que sin palabras explican en catequesis los misterios de nuestra fe.

Esto no es una temporada, es el tiempo de reflexión, de penitencia, de hombres de buena fe, de predicadores mudos, y anónimos, es nuestro tiempo, costaleros del cielo, que no de la tierra.

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