Nuevo manto para Rocío y Lágrimas

Los acontecimientos se suceden sin solución de continuidad. Parece que fue ayer mismo cuando el curso cofrade comenzó a dar sus primeros pasos y tras superar su adolescencia, bulle juvenil camino de la Navidad. Aún no ha concluido el mes de noviembre y las cofradías comienzan a zambullirse en los albores del Adviento, vistiendo a sus dolorosas de manera adecuada a la espera por la llegada del Salvador.

Así ha ocurrido en la iglesia de San Roque, donde Rocío y Lágrimas, la bellísima dolorosa de Francisco Romero Zafra ha sido ataviada para la época del año que se avecina por su vestidor, Antonio Villar, que ha sido noticia en las últimas horas por hallarse el nombre de su taller en la relación de los que podrían acometer la restauración del palio más antiguo de la Semana Santa de Sevilla, el de la virgen del Valle.

Con vistas al Adviento, la dolorosa de la hermandad del Perdón, luce además un estreno muy especial por el singular contenido simbólico derivado de su procedencia, un manto de capilla en color verde agua marina, donado por un hermano y ejecutado por su camarera María José Trillo. Una nueva pieza para el ajuar de la virgen que, más allá del valor patrimonial que pudiera implicar, goza de un valor sentimental incalculable, en la medida en que tiene su origen en un regalo de uno de sus incondicionales devotos y porque ha sido ejecutado por la persona que tiene el privilegio de poderle contar sus cosas muy bajito en una cercanía exclusiva. Y es que no son imprescindible grandes fastos para evidenciar el amor sincero a la Madre de Dios.