No es fácil ser capaz de navegar entre oleadas de sentimiento desbordado como lleva haciendo Nuria Barrera desde que diese comienzo este año, que quedará para siempre grabado con letras de oro en su curriculum inmaculado, azul purísima. Un viaje a través del arte insustituible que emana de la magia de su pincel que se inició incluso antes de que agonizase 2016 a orillas del Cristo de ls Faroles con el anuncio de que sería la encargada de anunciar la histórica Semana Santa del traslado de la Carrera Oficial al entorno del templo madre de la diócesis de San Rafael y más tarde con la confirmación de que sería su genialidad la que ilustraría la primavera de Sevilla, materializados ambos encargos en dos carteles irrepetibles que ya han pasado a la historia de ambas celebraciones.
Sin embargo, este 26 de febrero, aguardaba probablemente el cartel mas especial para el corazón de esta artista única que tenemos la suerte de disfrutar. Ilustrar la Semana Santa de su infancia, de sus recuerdos, de la memoria imperecedera que se atesora en cada uno de los rincones donde siempre floreció su fantasía. Porque como bien dice la propia Nuria Barrera, “hablar de Carmona es sinónimo de mi niñez, donde tengo y guardo tan hermosos recuerdos, recuerdos de un patio, de unas noches de verano, pero también recuerdos de Hermandad. Fue donde descubrí los entresijos y todo el trabajo que supone sacar una cofradía a la calle. La víspera en la que se pone broche al trabajo de todo un año, con esos últimos retoques en el que el perfume de la flor remata cada paso”. Allí nació su amor por las cofradías y la contraprestación a ese inmenso caudal ha sido una nueva joya.

Traducir el sentimiento desbordado que brota del venero de la memoria, y hacerlo con la precisión justa con la que ha sido capaz de hacerlo, una vez más, por obra y gracia de su arte, sólo está al alcance de unos pocos elegidos y ella lo es. Porque sentimiento desbordado es plasmar sobre un lienzo la “primera vez que vestí con toda la ilusión y respeto una túnica de nazareno, en este rincón en el que se respira espiritualidad donde he unido mis devociones y las de mi familia a la que adoro”. Una obra en la que convierte esa espiritualidad en luz y color, esa luz y ese color que encierra cada trazo de su obra, ese “pequeño homenaje a los días de felicidad que pasé en casa de mis tíos, en ese Paseo del Estatuto”.
Nuria Barrera lo sabe y así lo expresa, en su obra y en su verbo, conciente del significado profundo de la estampa de la Quinta Angustia en su vida, “el Hijo frente a la Madre que graciosa le sonríe porque a pesar del dolor sabe la grandeza del sacrificio”. Y todo ello a través de un cartel en el que materializa de manera perfectamente perceptible las “noches de Martes Santo en San Francisco donde se ultimaban detalles para la gloria del Miércoles en el que se abrían las puertas y Su cara morena de las Angustias lloraba tras su Hijo en esa escena en que es descendido”. Su cartel es la perfecta simbiosis de “la magia, la luz y la atmósfera de un momento que vale el esfuerzo de todo un año”. Lo ha vuelto a conseguir, ha logrado la perfección y será Carmona, su Carmona quien lucirá desde hoy mismo con todo el orgullo del mundo, una nueva maravilla nacida del arte insustituible que emana de la magia de su pincel.





