La Semana Santa de Olivares cuenta ya con su cartel anunciador para el año 2026, una creación de Juan Miguel Martín Mena que se presenta como una propuesta de notable riqueza plástica y conceptual, concebida para expresar, desde un lenguaje artístico contemporáneo, la hondura devocional y popular de la celebración olivareña.
Una obra de técnica mixta concebida como fragmento del tiempo
El cartel ha sido realizado mediante técnica mixta sobre papel encolado a tabla, con unas dimensiones de 100 por 70 centímetros, y en su proceso de ejecución confluyen acuarela, acrílico, lápiz, cera y collage. A ello se suma el uso de papeles envejecidos de forma natural con café y sal, un recurso que persigue dotar a la obra de un carácter orgánico y auténtico, de manera que el resultado final se perciba no como una creación reciente, sino como un vestigio recuperado de la memoria colectiva.
El Stabat Mater como eje iconográfico del cartel
La composición se articula en torno a un Stabat Mater, inspirado en la imagen de la Virgen de la Antigua, representada como hebrea a los pies de la Vera Cruz. La elección sitúa a la Dolorosa como protagonista absoluta de la escena, sin obviar, no obstante, la profunda devoción que Olivares profesa al Cristo de la Salud, cuya presencia se manifiesta de manera simbólica e implícita, como un peso espiritual que domina la composición pese a no aparecer representado de forma directa.

Estructura compositiva y simbolismo formal
Desde el punto de vista formal, el cartel se organiza en torno a un eje central claramente definido, reforzado por un elemento dominante de carácter circular. En este círculo se integra el texto “Semana Santa Olivares 2026”, que actúa simultáneamente como aureola y marco simbólico, envolviendo la escena y subrayando su dimensión sacra.
El fondo como evocación de la piedad popular
El tratamiento del fondo responde a una intencionalidad precisa, al recrear la apariencia de un retablo cerámico callejero, elemento habitual en el paisaje urbano de muchos pueblos andaluces. Con ello se alude a la piedad popular, entendida como una devoción sencilla, cotidiana y viva, que se expresa en fachadas, rincones y muros como testimonio permanente de fe.
Un diálogo cromático entre lo eterno y lo humano
El discurso visual se completa mediante un marcado contraste cromático. El fondo se resuelve en azules, verdosos y grises de tonalidad fría, evocadores de noche y silencio, iluminados simbólicamente por la luna de Nisán, en clara referencia al ambiente del Jueves Santo, cuando la Semana Santa comienza a cobrar mayor intensidad en las calles. Frente a este ámbito, la figura de la Virgen emerge en una gama de ocres, tierras, calderas y dorados, aportando humanidad, cercanía y vida. Este contraste refuerza el mensaje simbólico de la obra: los tonos fríos remiten a lo eterno y espiritual, mientras que los cálidos acercan la escena al pueblo y a lo humano.
Un cartel que une arte, memoria y devoción
La obra se plantea, en su conjunto, como un anuncio de la Semana Santa de Olivares desde un lenguaje que fusiona lo artístico y lo popular, convirtiendo la pintura en memoria, expresión devocional y proclamación pública de una celebración profundamente arraigada en la identidad local.
Agradecimiento institucional por la confianza depositada
El autor ha expresado su agradecimiento al Ayuntamiento de Olivares y a la Hermandad de la Vera Cruz por la confianza depositada en su trabajo, así como por la cercanía y colaboración mantenidas durante todo el proceso creativo, facilitando la información necesaria para el correcto desarrollo de la obra.





