Olivo de plata, olivo de hojalata

No pude evitar acordarme anoche mientras mis amigos me enviaban vídeos de la gala que la hermandad de la Redención celebró en la sala Chicarreros de otros tantos amigos míos que en las últimas semanas se encontraron las puertas cerradas de la corporación. Les pongo en situación brevemente.

Resulta que, de vez en cuando, hay algún que otro profesor de Arte que pretende poner en valor el patrimonio que tiene la Semana Santa. Lógico, no van a enviar un estudio sobre patrimonio desde la facultad de Derecho o la de Económicas, así como de Farmacia u Odontología. Solo nos queda entonces dirigirnos, si se refiere a riqueza patrimonial, a aquellas donde uno adquiera conocimiento sobre las tres nobles artes.

Pues bien, desde que comenzó el segundo cuatrimestre, (no sabemos hasta cuándo durará esta distribución porque en materia educativa lo único que se producen son cambios y a cada cual peor) a uno de estos profesores se le ocurre la brillante idea de introducir al alumnado en el maravilloso mundo de las cofradías y traslada la información relativa al trabajo que tiene que desarrollar durante los primeros días de febrero.

Y allí van estos jóvenes amantes del arte a enviar correos, realizar llamadas, presentarse en las casas hermandad… Todo esto junto con la búsqueda de archivos en bibliotecas, boletines, audiovisuales, con la mala suerte de que tres de ellos, que viven cerca de Santiago, acuden a la hermandad de la Redención. Y si tienen mala suerte ya saben el final de la historia. Allí no se facilitan datos, no se da ningún tipo de información. ¡Ojo! Que los datos que no han hallado son relativos al paso y que todo el mundo los puede tener cuando sea Lunes Santo. Lástima que el trabajo haya que entregarse antes.

Si no contestan los correos electrónicos, no atienden a llamadas solo queda presentarse personalmente. Imaginen la cara que se le queda a un amigo mío cuando el prioste, un cuarto de hora antes de que comience el quinario al Señor de la Redención, le dice a la cara que no piensa dar ningún dato. Y dudo que esto suceda con otras hermandades. Incluso pongo en duda que haya hermanos que comulguen con tal decisión, entre ellas el hermano mayor, si es que está enterado de cómo se las gastan algunos. Entendible, las hermandades son poseedoras de unos bienes y están en su derecho de ofrecer información o no a quienes convengan, pero si somos tan abiertas y benéficas, ¿no podemos ayudar a quienes pretenden sacar adelante una investigación cuando además con ello se pone en valor y se da a conocer la riqueza que atesoramos?

Después tenemos que soportar a ciertos periodistas afirmando que en Bellas Artes parece que no son muy dados al mundo de la Semana Santa. Pues miren ustedes, antes de escribir tal disparate mejor pregúntense cuántas hermandades están dispuestas a colaborar con quienes en un futuro pueden acabar siendo imagineros, restauradores, orfebres o bordadores. Cuántas hay que abren sus casas de hermandad para mostrar archivos a futuros investigadores… Y después ayudemos al prójimo rodeados de flashes.