«Paloma de Capuchinos», el precio de un favor

Córdoba… Plaza de Capuchinos… 1 de abril de 1953, Miércoles Santo. Caen las luces de la tarde cuando se abren las puertas para dar paso a la hilera de nazarenos que acompañan las Imágenes que salieran de la gubia de Juan Martínez Cerrillo. Testigo mudo y perenne de todo lo que ocurre en su plaza, el Cristo de los Faroles.

Por fin se adivina la luz que acompaña a la Virgen de la Paz y Esperanza. Es inminente el momento de tenerla en la plaza. Poco a poco van pasando los varales por el dintel de la puerta. Y de repente, las trompetas y trombones de la Banda Municipal de Córdoba ensordecen la plaza. Suena por primera vez en la calle Paloma de Capuchinos.

Raros son los artículos dedicados a una pieza musical; y más singulares aún, al tratarse de una marcha procesional o de un poema sinfónico cofrade. Pero puede ser un buen momento para romper una lanza en favor del trabajo, la creatividad y la inspiración de aquellos autores de marcha procesionales para bandas de música de la primera mitad del siglo pasado, en un momento como el actual en el que priman las marchas para Agrupaciones Musicales y Bandas de Cornetas sobre las composiciones para Banda de Música. Buen momento para recordar y tener presente a grandes músicos que dedicaron su inspiración y sus creaciones a las cofradías cordobesas, como son Dámaso Torres García, Pedro Gámez Laserna, Enrique Báez Centella, José Timoteo Franco o, quien nos ocupa hoy, Francisco de Sales Melguizo Fernández.

Se trata de la segunda marcha procesional compuesta por Francisco de Sales Melguizo Fernández (Córdoba 1915 – Sevilla 1998). Marcha procesional compuesta para banda de música, y cuyo origen estuvo rodeado de curiosas circunstancias.

Situémonos en la Córdoba de 1950. Años de efervescencia cofrade con la fundación y aparición de nuevas hermandades o del renacimiento de otras temporalmente desaparecidas. Años en los que el impulso del alcalde D. Antonio Cruz Conde y del Obispo Fray Albino González Menéndez-Reigada, al igual que de la joven aún Agrupación de Cofradías, fueron determinantes.

En aquellos años, la Banda Municipal de Córdoba, bajo la dirección del maestro Dámaso Torres García (Baza 1904 – Córdoba 1984) solía acompañar cada día de la Semana Santa a una cofradía, por turnos. Es por ello que, siguiendo ese orden, en el Miércoles Santo de 1950, día 5 de abril, le corresponde disfrutar de este acompañamiento musical a la Hermandad de la Paz y Esperanza. Sin embargo, en la Hermandad de la Misericordia, que ese año vuelve a salir de la entonces Parroquia de San Pedro Apóstol, la ilusión y los nervios se palpan de manera ostensible: este día va a hacer su primera salida procesional Ntra. Sra. de las Lágrimas en su Desamparo. Y para tal ocasión, Francisco Melguizo, aún Hermano Mayor de la Corporación desde 1937, ha compuesto una marcha solemne y fúnebre que sirva de acompañamiento al desfile procesional de la Virgen: Lágrimas y Desamparo. Y quién mejor para estrenar e interpretar en la calle esta nueva marcha que la propia Banda Municipal.

Melguizo, apelando a las buenas relaciones entre cofradías hermanas, y tras haber obtenido el beneplácito musical por parte del maestro Dámaso Torres, plantea al Hermano Mayor de la Hermandad de Capuchinos, D. Antonio Caballo Jiménez, la posibilidad inédita de alterar el turno del acompañamiento musical. Como era de esperar, no se obtuvo respuesta negativa ni obstáculo alguno a tal petición, comprendiendo las circunstancias tan especiales para aquel estreno. Pero sólo se pidió una “contraprestación” a este “favor”: Melguizo deberá componer una marcha procesional para María Stma. de la Paz y Esperanza.

Resultando justo el precio, Francisco Melguizo compone en marzo de 1951 la, finalmente titulada y conocida, marcha procesional “Paloma de Capuchinos”, marcha compuesta por Melguizo, y que contó con la colaboración en la instrumentación de D. Enrique Báez Centella (Córdoba 1924 – 2003). Su estreno tuvo lugar en 1952, por la Banda Militar del Regimiento Lepanto nº 2, bajo la batuta de D. Pedro Gámez Laserna (Jódar 1907 – Jaén 1987), quien realizó una armonización para adaptarlo a los instrumentos de su corporación musical.

Se trata de una marcha procesional solemne, con pasajes contundentes de metales, de inspiración similar a algunos pasajes de Lágrimas y Desamparo, y propia de aquellos años. Compuesta en la tonalidad de Sol menor, mantiene un ritmo que evoca a los varales de plata con un andar lento y cadencioso inicial. Pasa a tono mayor para dejar a un lado el carácter fúnebre y llenar de luz, paz y esperanza el oído del espectador. Y finalizar con sones de metales marciales y triunfantes, haciendo referencia a la inicial, aunque fallida, intención de advocación de esta Imagen de Martínez Cerrillo, como iba a ser la de Virgen de la Victoria, para conmemorar la finalización de la Guerra Civil; advocación que finalmente fue abandonada en favor de la actual, más conciliadora.

La marcha ha sido grabada por la Banda Municipal de Córdoba en 1981, en dos ocasiones por la Banda Militar de Música del Regimiento Soria 9, en 1984 y 1992; por la Banda Municipal de Huévar en 2004, por la Banda de Música Santísimo Cristo de Confalón de Écija en 2005; y por la Asociación Musical Montillana Pascual Marquina en 2007.

Se trata de una de las grandes marchas procesionales cordobesas, y que se ha convertido en himno de la Corporación de Capuchinos. Y es justo recordarla en estos momentos de tanta importancia y vitalidad en la Hermandad ante la inminente Coronación de María Stma. de la Paz y Esperanza.

La Paz por Enrique Redel, Cordoba 2014