Paloma Saborido asegura que el Papa León XIV visitó al Cachorro y a la Esperanza de Málaga en privado, aunque, por lo que sea, es lo único de lo que no se ha difundido foto alguna

“El Papa fue a verlas cuando ya no había visitantes, por seguridad”. Con estas palabras, Paloma Saborido, coordinadora de la Gran Procesión del Jubileo de las Cofradías, ha asegurado en una entrevista concedida a 101 TV que el Santo Padre León XIV visitó y oró en privado ante las imágenes del Cristo de la Expiración —popularmente conocido como El Cachorro— y la Virgen de la Esperanza de Málaga, durante su estancia en la capilla de San Pío X de la Basílica de San Pedro.

Según explicó, fue monseñor Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, quien le comunicó esa presunta visita papal, que habría tenido lugar el pasado jueves por la tarde, una vez finalizado el horario de acceso de los fieles. Saborido lamentó no haber podido presenciar aquel momento ni obtener imagen alguna que lo confirmara: “Queríamos la foto. Yo me escapé del Dicasterio para rezar y no podía acercarme… imagínese si llega a ir el Papa con todos los peregrinos”, le habría comentado Fisichella. Unas declaraciones que, en el convencimiento de que nadie las va a desmentir, parecen más encaminadas a responder a quienes hemos mostrado nuestra decepción que a narrar un episodio verídico.

Y, sin embargo, llama poderosamente la atención que, en un acontecimiento profusamente documentado con vídeos, fotografías y declaraciones desde todos los ángulos posibles, este supuesto encuentro del Papa con dos de las imágenes más veneradas del sur de España sea lo único de lo que no ha trascendido prueba gráfica alguna. Ni una imagen, ni una grabación, ni una nota oficial.

Una versión que difuere de otra que circula por los mentideros malagueños y las rrss que asegura que el sumo pontífice visitó a las imágenes, también secreto, en presencia de miembros de la delegación de la Costa del Sol, curiosamente en ausencia de los dirigentes de la hermandad sevillana. Versión que, de ser cierta no precisaría de la palabra de Rino Fisichella para que la información llegase a oídos de Saborido. Elijan la versión que más convenga a su consuelo interno.

Las imágenes andaluzas, que permanecieron expuestas durante tres jornadas en San Pedro, fueron veneradas por miles de peregrinos antes de regresar a la carpa desde la que salieron en procesión por las calles de Roma. Todo quedó debidamente registrado, menos —por lo que sea— ese instante en el que, según Saborido, el recién elegido Papa León XIV quiso encontrarse a solas con El Cachorro y la Esperanza. Un encuentro que ni siquiera el arzobispo de Sevilla conoce, a tenor de lo que el propio prelado declaró en Roma y que, con tanto actor de por medio, resulta extremadamente complejo que no hubiera trascendido.

Por ahora, y sin testimonio visual que lo respalde, la anécdota se suma a la crónica del Jubileo con un halo de misterio. Aunque Saborido no pierde la esperanza de que el Pontífice acuda en el futuro a Málaga o Sevilla: “Puede venir a verlas”, concluye. Algo que no debería ser necesario, puesto que ya lo ha hecho, ¿O no?