Paralelismos

“El camino es la meta”. Esa es la auténtica realidad del Camino de Santiago, de ser costalero, de vivir como cristianos.

Por tercera vez en mi vida, he tenido la suerte de poder coger mi mochila y peregrinar por las sendas que llevan a Santiago de Compostela. Toda una experiencia personal que recomiendo a todo aquel que no lo haya hecho aún, cristianos o no cristianos, cofrades o no cofrades… pero sobre todo, se lo recomiendo a todos los costaleros de nuevo cuño, que nacen sabiendo de este mundo, antes de aprender a vivirlo y a vivir.

En mi primer Camino leí una frase que figuraba colgada de un árbol que zamarreó mi interior: “pensarás que estás haciendo el camino y realmente es el camino quien te está haciendo a ti”. Y esto es algo que muchos de los costaleros de hoy día se lo han de mirar.

Esta nueva hornada de “costatecnic” se presentan ante cualquiera de los hombres de negro de nuestra Semana Santa, algunos de ellos niños y no hombres, y en cualquier ensayo te diriges con respeto y les molesta que le indiques alguna cuestión técnica, alguna apreciación o recomendación. Te miran con cierta indolencia porque ellos “saben” más que tú, se “conocen” el repertorio de todas las bandas mejor que tú, “andan” bajo los pasos mejor que tú y por supuesto, llevan una indumentaria específica, (pero todos diferentes, vaya a ser que los confundan con otros), sin la cual parece que todo lo que saben no pueden ponerlo en práctica.

Pero pienso que se les olvidan dos cosas que son básicas para ser peregrino, para ser costalero y para vivir, que al fin y al cabo es lo mismo: la humildad y el sentimiento. La humildad para estar abiertos a adquirir la transferencia de conocimiento que sus capataces pueden ofrecerles y el sentimiento de convertirse por unas horas en los pies de Quienes los llevan a ellos cada etapa, cada chicotá, cada día de su vida.

Este año aprendí en el Camino que a pesar de ser un “peregrino experimentado”, en cualquier momento, en cualquier puerto, en cualquier descenso, en cualquier etapa donde preveías poder beber, comer o dormir, puede que no sea posible y te encuentres ante una situación complicada… y todo está en internet también, pero el directo es el directo.

La humildad te ayuda a aprender en cada segundo de tu vida, te ayuda a ser precavido, te ayuda a ser mañana mejor que lo eres hoy, tanto en el Camino, como debajo de un paso, como en tu vida.

La humildad te ayuda a estar atento ante una situación que crees que conoces pero que no controlas las circunstancias que la rodean y por tanto no es igual a las anteriores, y no tenerla te puede llevar ante una situación difícil, en el Camino, en la trabajadera, en tu día a día.

La humildad te ayuda a respetar a quienes solo queremos transmitiros lo que hemos vivido anteriormente, con el único fin de ayudaros a no cometer los errores que cometimos en su día, en el Camino, bajo un paso, en la vida.

La humildad te ayuda a darte cuenta que no tienes derecho a estar debajo de Dios o su Santa Madre, sino que tienes el inmenso honor de poder ser por unos momentos, los pies de Quienes te llevan a ti, en el Camino, en tu Estación de Penitencia, en tu vida.

Existe un claro paralelismo entre el Camino de Santiago, una Estación de Penitencia y la propia vida que Dios nos ha regalado. Y para ser feliz, para vivirla con plenitud, para poder implementar un sentido que nos reporte un crecimiento personal basado en nuestra Fe cristiana, hay que ser humildes, y para ello es vital tener meridianamente claro que “el Camino es la meta”.

Buen Camino.

Ahí queó