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A golpe de horquilla, 馃挋 Opini贸n

Pasando desapercibido por la historia de nuestra Semana Santa

Encallados en piedra ostionera y arropados por brazos forjados. Est谩n en esos requiebros que hacen las calles. A帽ejos, gastados por la sal y azotados por el levante, pero ah铆 siguen, al pie del ca帽贸n.

Elegantes y sencillos, coloridos y en penumbras, olvidados o renovados, en las m谩s grandes y tambi茅n en las m谩s sencillas. De barrios humildes y de calles se帽oriales, ellos no entienden de clases. Los que viven junto al mar y los que est谩n frente a sus vecinos. Los encontrar谩s por toda la ciudad, son los m谩s cofrades, y nos les hablo de los capillitas, es algo m谩s simple todav铆a.

Muchos siglos siendo testigos de nuestra historia, de nuestras guerras, penurias y alegr铆as. Tambi茅n de nuestra pasi贸n.

De la pasi贸n de un barrio al ver pasar a su cristo, de ver correr a los chiquillos y de mantillas repleta la calle.

En ellos reflejados las eternas recogidas, el incienso que se pega en sus cuerpos y las horquillas que retumban en sus o铆dos. Se encojen cuando viene el paso para dejarlo pasar, a veces hasta se estrechan para tenerlos con ellos m谩s tiempo. Recogen el sonido de las trompetas y se abren de par en par para que la gloria llegue a todos los rincones.

Por la Alameda y la Caleta, Jaboner铆a o calle Nueva, en la Vi帽a, Mentidero y San Juan de Dios, por la plaza, Columela y subiendo Novena. De quienes les hablo no son m谩s que simples condenados, pues solo tienen un d铆a al a帽o para ver pasar a sus titulares. Rezan en silencio y besan sus bambalinas, algunos hasta se visten para la ocasi贸n.

Dieciochescos, discretos y rimbombantes, altos, estrechos, bajos o curvados, llenos de devotos o vac铆os y respetuosos, siempre en silencio contemplando el andar del Se帽or. Ellos no pueden ir a llevarles flores y por eso por primaveras prefieren regalar saetas, que vuelan a lo m谩s alto de los cielos para caer en forma de p茅talos en los techos de palios de nuestras v铆rgenes.

Encallados en piedra ostionera y arropados por brazos forjados, est谩n en esos requiebros que hacen las calles, testigos de nuestra historia y siempre los m谩s cofrades. Nuestros balcones.

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