Salir a pasear, es un pequeño placer de la vida, para algunos. De ello, no cabe duda, cuando tantas son las personas que se ponen en marcha y comienzan a caminar. Los lugares, en donde se llevan a cabo el paseo son siempre de lo más variado. En cambio, en estas alturas del año, el paseo acostumbrado por mucho de nosotros, tiene lugar en las zonas más céntricas o en el centro neurálgico de nuestras ciudades.
Solemos salir a pasear a estos lugares, ya que durante las actuales fechas, sufren una pequeña transformación. Es de nuestro agrado pasear y poder comprobarcon nuestros ojos el cambio. Los puestos y los mercadillos navideños de este periodo, las luces propias de este tiempo, las terrazas de los barres y restaurantes con numerosos clientes, los espectáculos de artistas callejeros para conseguir un puñado de monedas, la calle bulliciosa con todo tipo de gentes, conversando, saludándose entre sí, realizando algún tipo de compra o simplemente andando lentamente entre toda la muchedumbre. Y todos bien ataviados con las ropas propias del invierno.
Todo lo descrito anteriormente, nos es familiar, ya que somos muchos, los que llevamos a cabo lo expuesto y de agrado, por el carácter festivo que predomina en este paseo. Ese carácter festivo, contiene una razón y un porqué, en sí mismo. Se trata, de que hubo alguien, que no realizó un paseo, sino un gran peregrinar y un camino, para que muchos vayamos detrás de él. Él nos dijo que era el camino con mayúsculas y el camino fue desde la cuna hacia la Cruz.
No es mi intención, pararme en cuestiones teológicas, porque no soy teólogo, para ello están los entendidos, aunque el contenido de la frase: el camino desde la cuna hacia la Cruz, no carezca de tales interpretaciones. Sino más bien, me quiero detener, en los signos externos que nos encontramos a nuestro alrededor, en este paseo, por nuestro mundo, sociedad y la realidad de hoy, acerca de los signos de la Cruz y la Cuna, porque me enseñaron, que lo externo refleja lo interno, hace unos pocos de años.
La Cruz. Desde hace algunos años hasta el día de hoy, se han estado retirando, quitando, eliminando y aniquilando de nuestra esfera pública y social, el signo de la Cruz. Alegan multitud de razones y todas ellas respetables. Una de estas, es acogerse a aquella ley suprema llamada Constitución, la cual lleva un tiempo hablándose de modificarla o cambiarla, y siendo bastante cuestionada por los acontecimientos que hemos vivido en nuestro país, y alegan, el derecho fundamental de la libertad religiosa. Igualmente, existe otro derecho fundamental, llamado el derecho a la vida, en la que expone dicho artículo: Queda abolida la pena de muerte.
La Cruz, era el instrumento para ejecutar condenado a muerte. Es como si, actualmente ponemos signos o símbolos, de la silla eléctrica o la inyección letal, como se ajusticia la pena de muerte en otros países. Parece, no ser un gran plan colocar instrumentos de pena de muerte en nuestro entorno, ya que la ley en España la ha prohibido. Además, la cruz, instrumento de tortura, servía para que el reo o condenado, antes de morir, soportará bastantes sufrimientos, tormentos y dolores, cuando en la actualidad, da la sensación que estas realidades no existen.
Si existen, porque es evidente que existen, la realidad del dolor y el sufrimiento, las tratamos de esconderlas y las ocultamos. En todo momento huimos y nos escondemos del dolor y del sufrimiento. De alguna manera, puede ser lógico y considerable el retirar la Cruz. No obstante, sintiéndolo muchísimo, es el signo del cristiano. Así que, donde hay cristiano hay cruz y viceversa, con todo el sentido tan profundo que conlleva este signo.
La Cuna. En principio es del agrado de todos. Una familia, con un padre y una madre, junto a un niño recién nacido y rodeado de animalitos, es algo tierno. También podemos observar en la escena, la recreación de una composición de lugar de otra época con: pastorcillos, angelitos, romanos, gente en sus labores u oficios y unos tipos elegantes, distintos a la mayoría de los personajes y que aparentan ser de buena familia dirigiéndose hacia la familia o adorando al recién nacido. Parece una composición agradable y atractiva, el conjunto en sí mimo. Pero, como se suele decir: nunca llueve a gusto de todos. Recientemente, la composición ha dado de que hablar, provocando polémicas absurdas y opinión pública al respecto.
Al parecer, al igual que la Cruz, no nos viene del todo bien, el escenario. Esta composición, está pasando a un segundo plano, en principio, pudiéndose dar, que con el paso del tiempo, se pueda dar grandes razones para quitarla de nuestra esfera pública y social, como a la Cruz. Si, y digo bien que ha pasado a un segundo plano, porque se nos ha colado, un señor, rechoncho y vestido de rojo-blanco que convive con nuestros personajes, aunque no es de esta historia.
Además, hay que echar un poco la vista hacia nuestras calles, avenidas, lugares de ocio y establecimientos comerciales, decorados, para encontrarnos con símbolos, que supuestamente son navideños. Porque como indica la palabra navidad, procedente del latín “nativitas” que significa nacimiento y los símbolos, no indican, ni mucho menos, el nacimiento de una persona. Así pues, llamo la atención, y más que nunca, es ahora el momento, a que todos los que sacamos a la Cruz, en la primavera, saquemos a la Cuna, en el invierno.
No es algo para los más pequeños, ni reproducir un cuento de hadas o una historia que se le cuenta a nuestros hijos antes de dormir. Poner el belén, recrea, lo trae a la memoria, al momento actual, nos acerca de alguna forma a uno de los misterios de nuestra Fe. Ya, que cuando el Hijo de Dios vino a nacer, no encontró lugar donde hacerlo, esta vez, le podamos ofrecer, que menos, en un pequeño rinconcillo de nuestros hogares, a la representación que cambió el rumbo de la historia de la humanidad y el de nuestras vidas.
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