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Opinión, Racheando

Permítame criticar sin ser juzgado

Antes de entrar en materia, he de decir que este artículo no pretende ser el inicio de una posible guerra entre dos personas de medios distintos, pero sí veo necesario hacer un artículo de esta índole.

Para el autor del artículo al que me quiero referir, soy homófobo, – yo que he padecido la homofobia social prácticamente a diario-, lo soy, pero no por mis actos, sino por no pensar como él y creer que, dentro de mi colectivo, siempre se tiende a provocar con el mismo tema a la mínima oportunidad.

Que dos actrices se disfracen de Santa Justa y Santa Rufina, puede ser motivo de molestia, aunque no suponga un ataque directo a la fe. Pero, ¿por qué por expresar una molestia nos hace ser juzgados? No entiendo la superioridad moral de la progresía española, en la que si no piensas de manera abierta en ciertos aspectos, ya eres homófobo, xenófobo o la palabra mágica, facha.

Soy el primero que critica ciertas actitudes de la Iglesia en algunos temas, pero nunca vanalizaré la fe, ni ofenderé por ofender, disfrazado para llamar la atención, aunque mi mensaje no sea invitado al odio, pero los hechos están ahí.

¿Me molesta que mi colectivo aproveche la mínima ocasión para provocar a la Iglesia y a sus fieles? Si. ¿Soy homófobo por ello? No, aunque para cierto sector lo sea solo por no decir amen a cada palabra del discurso que ensalzan en cada orgullo. No por discrepar se me ha de juzgar y tachar de algo que no soy, y, además, para mi es un insulto y me ofende que me lo llamen solo porque me haya molestado por algo hecho en el orgullo.

Por eso, querido Agustín López, espero que tu superioridad moral no haga que sobre mi recaigan insultos como el de homófobo solo por discrepar contigo, por sentirme molesto de que mi colectivo cada vez que pueda provoque a la Iglesia, porque no me gusta que se ataque a la Iglesia de la misma manera que nos atacan solo porque «ellos lo hicieron antes». Puedo ser crítico sin ser juzgado, porque al igual que la progresía enarbola la bandera de la libertad de expresión, yo enarbolo la bandera del «respeto» y nunca seremos respetados si no somos abiertos a críticas y a discrepancias en nuestros discursos.

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