A pulso aliviao, Opinión

Pétalo de Esperanza

Mirando la meteorología estos días cuesta imaginar que llegará un momento en que el abrigo hiberne en el armario, que el reloj comience a regalarnos horas de luz y que la ciudad se vista de primavera para derrochar la sevillanía de un palio en la calle, de un paseo a caballo por el real de la Feria o una mañana de Corpus con esencias de romero y buganvilla.

Y es precisamente esa capacidad que tiene la memoria de evocar los momentos y lugares hermosos que nos regala esta bendita ciudad la que me lleva a un lugar, una hora y una imagen indeleble en la retina y el corazón.

Porque este martes frío y desangelado de enero me acerca, inolvidable Marta, a lo que tantas veces viviste con emoción, fe y amor al Señor de la Sentencia y a tu Reina de San Gil.

Han pasado 13 años desde que te marchaste a la gloria Macarena para vivir una Madrugá eterna, pero siempre evocaré tu recuerdo en el atrio, bajo el calor de una tarde de Viernes Santo y entre un río de túnicas de color crema aguardando lo que siempre llevaste por bandera, la Esperanza.

Y verte en esa fotografía, con la túnica de merino, la capa, el antifaz y todo los avíos para una nueva Estación de Penitencia es, sin lugar a duda, el mejor cartel posible para anunciar los días de la pasión según Sevilla y para corroborar, querida Marta, que siempre estarás presente en el camarín celestial, en la azucena de su mano cada 31 de mayo, en las mariquillas de su pecho, en las plumas de los armaos y hasta en el incienso que respirará Sevilla entera cuando los ciriales anuncien que viene la Madre de Dios.

Y ahí, en ese instante, estarás también tú, querida Marta, lanzando pétalos a la Esperanza mientras suena su himno, mientras la Virgen llora y ríe a la vez, mientras suena el Carmen de Salteras y mientras los macarenos cantan pletóricos «Macarena en este mundo, y de aquí a la eternidad».

Porque aunque pasen los años, la Virgen de la Esperanza, entre Rosario y Sentencia, llevará tu nombre prendido en cada manto, en cada saya y en cada toca.

Siempre estarás presente en los corazones de Sevilla, querida Marta. Siempre te recordaremos.