Mientras el dolor por el fallecimiento de Fray Ricardo de Córdoba se hace latente por todos los rincones de la geografía cofrade, comienzan a escucharse las primeras iniciativas orientadas a que la ciudad que le vio nacer le rinda el homenaje que sin duda merece uno de sus hijos más importantes del último siglo. Una iniciativa comenzada por el Redil Eucarístico de la Divina Pastora de Capuchinos, que a buen seguro será secundado por propios y extraños, la concesión de una calle o una plaza para el capuchino. «queremos hacer pública la iniciativa del Redil dirigida a obtener el reconocimiento por la Ciudad de la figura de Fray Ricardo de Cordoba, llevando su nombre a alguna de sus calles o plazas, nombre que le ha acompañado a lo largo de su vida por todos los lugares que ha visitado y, fundamentalmente, por el reconocimiento a su ingente labor pastoral y artística que indudablemente perdurará en el tiempo», reza la nota pública emitida al efecto.
Muchos son los sentimientos que despierta el nombre de Ricardo Olmo para sus conocidos, Fray Ricardo de Córdoba para el común de los mortales y Ricardo, a secas para los que aprendimos a quererle como es, como artista integral y como persona, como creador de la innegable evolución patrimonial experimentada por la Semana Santa de Córdoba en el último cuarto del siglo XX, imposible si su figura no hubiese emergido con inusitada fuerza a orillas del Cristo de los Faroles. Sacerdote y fraile Capuchino, nació en Córdoba el 1 de octubre de 1946 en la Puerta del Rincón. Ingresó en la Orden Menor de los Franciscanos en el año 1968 realizando sus estudios eclesiásticos en Antequera. Fue ordenado en Córdoba el 8 de diciembre de 1975 por el obispo José María Cirarda Lachiondo en la iglesia de San Pablo ante al imagen de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos Coronada.
Vestidor, diseñador, poeta… un artista multidisciplinar de cuya mano llegaron a Córdoba imágenes marianas y cristíferas, como el Señor del Silencio y cuya impronta marcó para siempre la idiosincrasia de prácticamente todas las hermandades de la ciudad de San Rafael, de una manera u otra. Su legado, no obstante, no se circunscribe a la ciudad de San Rafael, ya que su influencia se ha dejado notar con fuerza en ciudades como Sevilla o Jerez, lugares donde su figura ha gozado siempre de un enorme respeto. Si tuviésemos que acentuar su incuestionable influencia, podríamos hacerlo rememorando muchas de sus obras que cuajan el patrimonio de buena parte de las hermandades de Córdoba y Andalucía. Pero su memoria trasciende de lo meramente artístico ya que su arrolladora personalidad siempre fue una de sus señas irrenunciables de identidad. Una figura insustituible, querida por muchos y admirada por todos, que ya forma parte de la historia inmortal de Córdoba, de Andalucía y de sus cofradías.
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