Que la suspensión de las procesiones de Semana Santa es un duro revés económico para la sociedad en general, además de las catastróficas implicaciones sanitarias, es algo incuestionable. Por centrarnos en nuestro ámbito cofradiero, resulta innegable que tanto hermandades como formaciones musicales -amén de otros sectores que conforman el universo cofrade- se han visto seriamente perjudicadas, ante la falta de ingresos derivados de las salidas procesionales. Un asunto que podría agravarse de producirse la devolución de los ingresos de sillas y palcos de la carrera oficial, con las consiguientes consecuencias e la cuantía del reparto que a cada corporación le corresponda.
Respecto al tema del pago de los contratos suscritos entre bandas y hermandades, se trata de un asunto que, desde hace semanas, hace presagiar que traerá cola. Tanto es así que en las últimas horas ha comenzado a circular con fuerza, en distintos mentideros, la seria posibilidad de que haya formaciones musicales, bien de manera individual, bien de forma organizada estén planteándose formular demandas contra las corporaciones penitenciales que tomen la determinación de no abonar la cuantía de los contratos suscritos.
Sin entrar en consideraciones jurídicas, si bien estos extremos carecen de oficialidad, más allá de la creencia generalizada de que el rumor suele ser la antesala de la noticia y a expensas de que la situación mejore y se alcance un aconsejable entendimiento que difumine, de ser ciertas, estas intenciones, el asunto podría acarrear graves problemas en la atmósfera cofrade, agrandando más si cabe la brecha entre bandas y hermandades, ya de por sí considerable en los últimos tiempos.
Una brecha que ha propiciado que mirando cada entidad por sus propios intereses haya supuesto -sin haber llegado aún el Domingo de Ramos- la ruptura para el futuro más inmediato entre algunas formaciones y determinadas bandas por la falta de voluntad para llegar a acuerdos en posiciones intermedias. Rupturas que podrían multiplicarse por doquier si este tipo de rumores terminasen concretándose provocando un caldo de cultivo de consecuencias imprevisibles.





