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Por esto salen las imágenes sagradas a la calle

Son las ocho de la tarde en La Línea de la Concepción de un Viernes Santo. No cabe un alma más en la Avenida Menéndez Pelayo, concretamente en la puerta principal del Hospital, por donde pasa el Santísimo Cristo del Amor y María Santísima de la Esperanza. Enfermos, trabajadores del hospital y multitud de devotos se dan cita en este punto clave de la Semana Santa linense, para contemplar la dulce mirada del crucificado y la arrolladora belleza de la dolorosa tallada por Luis Ortega Brú. Las advocaciones de ambas imágenes -Amor y Esperanza-, vienen a encajar perfectamente con lo que necesitan los cientos de personas que, por desgracia, han de pasar la Semana Santa recluidas en esa pequeña cárcel moral que supone la habitación de un hospital. Quien más o quien menos, por desgracia, sabe la dura desazón que implica la estancia en un centro hospitalario por corta que sea, y la presencia, por unos minutos, de las sagradas imágenes es todo un soplo de algo tan necesitado por parte de los enfermos como la esperanza, precisamente. Por ello, además de ser una cita ineludible para el cofrade de este rinconcito gaditano del sur, es algo que llena de orgullo a los hermanos de la corporación de San Bernardo, que se sienten verdaderos apóstoles de amor y esperanza cuando llevan a sus veneradas imágenes a quienes quizá más lo necesitan. Además, por todo lo mencionado anteriormente, entre otros aspectos que se analizarán durante este artículo, la presencia de imágenes de Jesús y la Virgen María por las calles de nuestra tierra está más que respaldada desde el punto de vista del sentido común, el corazón y, por qué no decirlo, el sentir popular.

Analizábamos recientemente el contenido sobre un documental de la BBC en el que se ponía el foco sobre la Semana Santa de Sevilla para, desde una aparente perspectiva pseudoempírica, tratar de reflejar que la forma en la que se vive la Semana Santa en nuestra tierra tiene más que ver con la idolatría que con la religiosidad. Todo ello, por qué no decirlo aunque no sea el objetivo de este artículo, con el beneplácito de la prensa morada sevillana, que ha aplaudido de forma absolutamente inexplicable este documental en el que se menosprecia y ridiculiza la forma en la que se entiende la fe en la Semana Santa de la capital andaluza. Bien por desconocimiento del idioma inglés, cosa que se me hace extraño creer, o bien porque lo que vende, por desgracia, más allá de la realidad, es lo que el lector quiere leer, valga la redundancia.

Volviendo al tema esencial de este artículo, conviene volver a recordar los motivos por los que las imágenes sagradas salen por las calles para que los hermanos cofrades realicen estación de penitencia. Realizar estación de penitencia es, en primer lugar, como su propio nombre indica, participar de la situación penitencial de toda la comunidad cristiana a través del propio sacrificio, arrepentimiento y austeridad, acompañada de una conversión en lo más profundo del ser del cofrade hacia un mejor cristiano, siguiendo el ejemplo de Jesús. Por otra parte, realizando estación de penitencia estamos manifestando un acto de protestación pública de fe. Nuestra religión nos exige salir a evangelizar y dar testimonio de nuestra fe católica. Precisamente eso hicieron los apóstoles, plenos del Espíritu Santo, tal y como les encomendó el propio Jesús resucitado, y tal y como reprodujeron las primeras comunidades cristianas, tremendamente perseguidas a muerte. Sin embargo, no por ello dejaban de llevar el mensaje de Jesús a todos los rincones de la Tierra con cada vez más fuerza si cabe. Las Hermandades son un muy buen ejemplo de la actualidad de esa protestación pública de fe en la Iglesia Católica. Sin miedo y sin complejos.

En la época en la que surgieron las procesiones, en torno a los siglos XV y XVI, uno de los objetivos tenía que ver con la enseñanza del mensaje cristiano. Nos situamos en plena Edad Media, en una sociedad piramidal en la que la mayoría, el populacho, era absolutamente analfabeto. Sin embargo, la Iglesia continuaba teniendo esa labor evangelizadora, aunque su liturgia, incomprensible para el pueblo, era verbalizada en latín. ¿Cómo llevar el mensaje de Jesús, y su Pasión, Muerte y Resurrección al pueblo? He ahí el origen fundamental de las procesiones: didáctico. Mostrar las diversas escenas de la Pasión de Cristo era el modo en que la Iglesia, reforzada por el Concilio de Trento, tenía para llevar a Dios a la sociedad. En el mencionado concilio se impulsaron las procesiones de Semana Santa como forma de acercar a Dios al pueblo y exteriorizar la fe. De ahí el progresivo enriquecimiento patrimonial de las Hermandades con el paso de los siglos, cuyo objetivo no es otro que el de ofrecer una imagen de una gran belleza estética que atraiga al feligrés a contemplar su transitar por las calles y a creer, en definitiva, en el evangelio.

Pero más allá de explicaciones teóricas que, a pesar de aportar un notable peso argumental, bien pueden aburrir al lector, me gustaría bajar a pie de calle, tal y como hice al comienzo del artículo. La presencia de las imágenes sagradas por las calles de la ciudad tiene una mayor trascendencia de la que habitualmente se ve. Que imágenes de Jesús y María caminen por nuestras calles implica que Dios sale al encuentro del pueblo. Así, personas que, por desgracia, se encuentran impedidas por uno u otro motivo para acercarse a un templo a rezarle a su Cristo o su Virgen, tal y como han hecho toda la vida, no se ven privadas de ese encuentro tan íntimo con la divinidad que se produce a través de las sagradas imágenes. Unas artísticas tallas en madera que no son más que vehículos para llegar a la mencionada divinidad de la forma más bella, como quien se aferra al cuadro de un ser querido difunto evocando su recuerdo y haciendo que viva, de este modo, en su corazón. Precisamente , en el vídeo que aparece a continuación podemos contemplar una escena tremendamente entrañable y conmovedora de una mujer de avanzada edad desde un balcón contemplando el paso de la Esperanza Macarena, portando a su vez un retrato de algún ser querido del cual ellas -la anciana y la Virgen de la Esperanza- sabrán por qué lo abraza entre sus manos cuando el imponente palio transita por delante de sus ojos.

Sevilla tiene muchos ejemplos de Hermandades que, además de realizar una majestuosa estación de penitencia junto a sus titulares, encuentran el momento y el lugar para acercarse a los que se encuentran impedidos para acudir a aquel rincón de la ciudad de la Giralda en el que nunca se hubieran pedido el paso de la Cofradía de los Amores. En el caso de la Hermandad de la Sed, en el recorrido de ida hacia la Catedral la corporación de Nervión accede hasta la puerta del hospital de San Juan de Dios, donde tanto personal sanitario como enfermos acuden al encuentro de las sagradas imágenes. Lo mismo sucede con la Hermandad de la Milagrosa, que visita en las Vísperas de la Semana Santa de Sevilla el centro hospitalario de San Juan de Dios. Por su parte, la trianera Hermandad de San Gonzalo pasa por la Residencia Geriátrica de Nuestra Señora de Consolación, y el Soberano Poder, así como la Virgen de la Salud, realizan una parada cargada de emotividad frente a los abuelitos de Triana, cuya única Semana Santa es la de ese preciso momento de cada Lunes Santo, tal y como ha reconocido acertadamente el capataz del paso de misterio en alguna ocasión. Mención aparte requiere la encomiable labor de los armaos macarenos en la tarde del Jueves Santo. Estos verdaderos soldados de Dios -dicho en el más puro de los sentidos-, visitan a los enfermos en sus habitaciones, del Hospital Virgen del Rocío y del Hospital Universitario de la Macarena, regalando esperanza y fuerzas para aquellos que jamás han de perderla. Su labor es especialmente elogiable como apóstoles de esperanza, llevando destellos de alegría y gloria a lugares en los que hasta los niños pierden la sonrisa. La Hermandad de San José Obrero, que procesiona el Sábado de Pasión en las Vísperas de la Semana Santa, visita la Residencia de Ancianos Gerón, donde Nuestra Señora de los Dolores retorna cada mes de septiembre en su Rosario de la Aurora para celebrar una Solemne Eucaristía en torno a ella, acompañada de todos los residentes.

Con respecto a la provincia, en Paradas encontramos otro encomiable ejemplo en la mañana del Viernes Santo, cuando el Nazareno visita la Residencia de las Hermanas Carmelitas en uno de los momentos más emotivos de la estación de penitencia de la Cofradía de la provincia sevillana. Las Hermanas Carmelitas dedican toda su vida a cuidar de la mejor forma posible a los ancianos del municipio de Paradas, quienes viven un momento cargado de sentimiento ese día, cuando tanto el Nazareno cuando la Virgen de los Dolores encaran la puerta del recinto donde los abuelos y las abuelas les esperan con la ilusión de aquel niño que una vez fueron.

Fotografía El Correo de Andalucía

En Córdoba, dos Hermandades poseen una íntima relación con entidades residenciales. En primer lugar, conviene destacar a la popular Hermandad de los Dolores, cuya sede canónica es, precisamente, la Iglesia Hospital de San Jacinto. En las dependencias aledañas a su sede canónica se encuentra ubicada la Residencia de Mayores Nuestra Señora de los Dolores. Los ancianos participan de algunos actos de la Cofradía del Viernes Santo cordobés, teniendo la devoción que quizá han tenido en su mesita de noche durante toda su vida a metros de distancia de su propia habitación. Otra corporación con una situación muy similar es la del Nazareno, cuya sede canónica es la Iglesia Hospital de Jesús Nazareno, regentada por las Hermanas de la Consolación. El Padre Cristóbal, beatificado el 7 de abril de 2013, fue fundador del Hospital de Jesús Nazareno en Córdoba, a través de las Hermanas Hospitalarias, impulsando en gran medida su labor asistencial. Toda la comunidad del hospital, incluyendo a los residentes, participa en diversos actos de la Cofradía cordobesa, como el besapiés al titular cristífero de la corporación. En Córdoba, la tercera edad tiene a Jesús y María muy cerca de sus moradas, velando por esos sueños que, a buen seguro, evocarán épocas pretéritas, quién sabe si por las calles de Córdoba aguardando al paso de una Cofradía.

Fotografía Web Hermandad Dolores

Trasladándonos a Málaga, resulta especialmente multitudinario el traslado de las imágenes del Cautivo y la Trinidad en la mañana del Sábado de Pasión hasta su casa hermandad en uno de los actos más populares y multitudinarios en lo que a Cofradías se refiere de la capital de la Costa del Sol sobre un considerable monte de claveles ofrendado por el pueblo malagueño. En este traslado, uno de los momentos más esperados es cuando ambas imágenes realizan una parada en el Hospital Civil, en la que este año, como novedad, la presentación a los enfermos ha tenido lugar a las puertas del mismo para hacerlo más visible que como era anteriormente, dentro del propio recinto. Los enfermos se sitúan en una tarima junto a las escalinatas del acceso a Urgencias del hospital, aguardando la dulce mirada de dos de las grandes devociones de Málaga, que se acercan lo más posible a ellos para brindarles consuelo, salud y esperanza. Es tradición de este emotivo acto que el personal sanitario del centro hospitalario porte tanto al Cautivo como a la Trinidad a su llegada al lugar.

En lo que respecta a Almería, encontramos un encomiable ejemplo digno de destacar, cuando una representación la Agrupación Musical de Nuestra Señora del Mar de Huércal de Almería acude al centro de discapacitados «ASPAPROS» para acercar su música a los residentes, que preparan y organizan su propia procesión que cuenta con el excelente acompañamiento musical de la mencionada formación musical. Una forma distinta de conmemorar la Pasión de Jesús que bien merece ser mencionada en este espacio, al estar relacionado con el acercamiento de la Semana Santa a enfermos, ancianos o, como en el mencionado ejemplo, personas con algún tipo de discapacidad.

Viajando hacia la provincia de Granada, en la capital nazarí la Hermandad de San Juan de Dios y la de San Rafael se acercan hasta el Hospital de San Rafael de Granada donde se realiza una bendición a los enfermos. Por otra parte, en Motril la Divina Pastora visita a los ancianos de la Residencia Mayores de San Luis, que se encuentra a escasos metros de la Parroquia de la Divina Pastora.

En cuanto a Jaén, la Hermandad de la Santa Cena realiza una encomiable labor durante todo el año con más de 130 personas mayores en su Residencia de Ancianos «Caridad y Consolación», donde se atiende a muchas personas mayores con capacidad económica limitada, todo ello bajo el amparo de la religiosidad y la entrega cristiana. Además, algunos mayores de la residencia acompañan a sus sagrados titulares en su discurrir por las calles jienenses el Domingo de Ramos.

Acercándonos a otra ciudad con notable peso en lo que a Semana Santa se refiere, Jerez de la Frontera, el Jueves de Pasión tiene lugar la salida procesional de la Hospitalaria Hermandad de la Bondad, que reside canónicamente en el Santuario de San Juan el Grande, emplazado en el Hospital de la Orden de San Juan de Dios. En su salida procesional, que tiene lugar desde la Iglesia de la Victoria, se visita a los enfermos del recinto hospitalario en un momento cargado de emotividad, ya que el Señor de la Bondad y Misericordia en el Sagrado Lavatorio de Pies visita la que es su casa durante todo el año, así como la de muchos enfermos que han de permanecer hospitalizados bajo el amparo de la dulce imagen sagrada de Jesús de la Bondad.

Fotografía Diario de Jerez

A lo largo de este artículo se han reflejado algunos ejemplos de visitas de Hermandades a recintos hospitalarios, residencias de ancianos o centros de discapacitados. Que nadie se enfade, ya que sería imposible mencionar todos y cada uno de los momentos en los que las Hermandades de nuestra tierra llevan su fe a quienes más la necesitan y que, por diversos motivos, no pueden acercarse a un templo a rezar a esas imágenes sagradas. De igual forma, son innumerables los momentos en los que una imagen devocional, en su salida procesional, sale al encuentro de enfermos o personas mayores que se encuentran prácticamente recluidas en sus casas y que, merced a esos escasos minutos en los que una Cofradía discurre frente a su balcón, pueden asomarse a contemplar al Cristo o la Virgen de sus amores, quizá sin importar demasiado la advocación. 

Situaciones como las descritas a lo largo de todo este texto vienen a reflejar la importancia de la Semana Santa en nuestra sociedad. Más allá de beneficios económicos para la ciudades, de enriquecimiento cultural y patrimonial, incluso de protestación pública de fe cristiana, lo cierto es que sacar imágenes sagradas de Jesús y María implica llenar el corazón de muchas personas, nuestros mayores y los enfermos especialmente, que necesitan, más que nadie, ese soplo de amparo y esperanza que reciben cuando una Hermandad pasa frente a su corazón. Algo tan humano que debería ser comprendido, y de hecho me consta que así es, por cualquier persona que no sea creyente. Hay veces que los pequeños detalles son los que marcan la diferencia, y contemplar cómo una señora mayor se emociona al paso de tu Cristo o tu Virgen merece el trabajo de 364 días para, al que hace 365, poder realizar estación de penitencia con tu Cofradía.

Durante la vida de Jesús, el Salvador tenía especial predilección por los más desfavorecidos, entre los que se incluían los enfermos. Las diversas Hermandades de nuestra geografía que se acercan a recintos hospitalarios no hacen otra cosa que imitar las enseñanzas y el ejemplo del Hijo de Dios, acercándose a los enfermos y brindándoles el mayor cariño y respeto posible. Por ello, cuando gente indocumentada o malintencionada cuestione el modo de vivir la fe del cofrade, aguantando calificativos como ser tildado de idólatra entre otras lindezas, muéstrele alguna de las fotografías o vídeos que ilustran este artículo. Quizá no haga falta mediar una explicación elaborada y pormenorizada tal y como la que se ha realizado durante estas líneas. Limítese a espetarle un simple pero demoledor: «Por esto, amigo -o amiga-. Por esto, entre otras cosas, salen las imágenes sagradas a la calle«. Le apuesto a que si tiene, en primer lugar corazón, así como un mínimo de entendimiento y respeto, callará y otorgará.

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