En mi Huerto de los olivos, 💙 Opinión

Por unas pulseras

Hoy no hay jueves al sol, las circunstancias lo han impedido, pero no queda otra que aceptar y rezar a la fe, esperanza y buen fin. Espero y deseo se encuentren bien ustedes y sus respectivas familias. 

La vida en poco más de cuatro horas te da un vuelco y te cambia en un chasquido de dedos. Y en cada rincón, habitáculo, capilla, un televisor de seguimiento, sillas postradas a la pared, o simplemente en la mirada de alguien con su compañera infalible de penurias, la mascarilla, se pueden ver lo que dicen cada una de esas miradas.

A la misma vez, me ha quedado muy claro la cantidad de ángeles que revolotean alrededor de cada uno de nosotros cuando caemos enfermos. Con sus uniformes de gala blancos, azules y verdes, caminan por doquier en busca de una solución a un problema. Con esfuerzo, paciencia, solidaridad, sacrificio y podría seguir, en cantidades industriales para cada uno de nosotros.

Y sin darse uno cuenta con la mirada puesta allí, en una pared blanca, en un cartel de los que dicen mucho pero leemos poco, o en un monitor para ver un nombre, una voz me llama la atención. 

Me dice esa voz “perdona, eres cofrade, ¿verdad?»… “Le contesto sí, ¿por qué?”… “tus pulseras me lo han dicho, ¿me podrías decir una imagen de Córdoba que sea muy milagrosa?”… “claro pero, ¿qué te ocurre?”… “mi hermano se debate entre la vida y la muerte”…”le dije: por supuesto, toma este botecito de gel hidroalcoholico, yo les rezo todos los días y me está ayudando»…”gracias, ¿quienes son estas imágenes?”…”le contesto el Stmo. Cristo del Descendimiento y Ntra. Sra. del Buen Fin”…”¡ah! los de la iglesia de abajo de donde sale el Señor del Silencio»…”sí, esa es la parroquia del Campo de la Verdad, el Señor tiene mucha devoción en el barrio”…”gracias, yo soy costalero del Prendimiento de Jerez»…”yo tengo la suerte de ser uno de los ojos elegidos que guían a la Virgen»…”les rezaré para que ayuden a mi hermano”…”claro, hazlo y yo también lo haré por tu hermano, no podemos perder la fe, la esperanza y el buen fin»… las lágrimas salieron de nuestros ojos emocionados y consternados y sin conocernos de nada nos fundimos en un abrazo con nuestras miradas…

Lo que parecía haber terminado ahí, no fue nada más que el comienzo de buscarnos por algún sitio de nuestra nueva estancia temporal… lo que no sabemos ninguno de los dos es la temporalidad que estaremos uno y otro.

Al día siguiente mi compañero de sufrimiento me buscó y me regalo una foto de su Señor prendido en el huerto de los olivos jerezano con aires flamencos. No sé si nos volveremos a ver pero espero y deseo con mis oraciones la recuperación de tú hermano y sé que tú harás lo mismo por mi padre.

Este es mi artículo de esta semana, ya vendrán más jueves al sol. Sean felices y extrapólenlo. 

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