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Sevilla

Presentados el logotipo y la orla conmemorativos del IV Centenario del Cristo de la Conversión

Este viernes han sido presentados el logotipo y la orla conmemorativos del IV Centenario de la hechura del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón siendo obras de Alvaro Rodriguez Galán y Javier Sanchez de los Reyes, celebración en la que se halla inmersa la corporación hispalense.

El logotipo ha sido diseñado siguiendo las trazas de distintas letras del finiquito de la talla del crucificado del 24 de febrero de 1620 hasta completar la palabra Conversión. Así pues, consiste en esta palabra escrita con la letra de Juan de Mesa y Velasco. Por su parte, la orla consiste en una targa, una forma de orla antigua al estilo del s. XVII, siglo de Juan de Mesa, que tiene como protagonista la cara del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y ha sido dibujada a plumilla sobre papel.

El 5 de mayo de 1619, Alonso Díaz, mayordomo de la Hermandad de Montserrat, realizó al imaginero Juan de Mesa y Velasco el encargo de “una hechura de Cristo Nuestro Señor crucificado, de madera de cedro de indias, de estatura natural, que tenga nueve cuartas de alto desde la punta de los pies hasta la cabeza, quedando en postura de vivo, hablando con el buen ladrón clavado en la cruz”. El Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón es una talla de Cristo crucificado tallada por el escultor Juan de Mesa entre los años 1619 y 1620.

Está realizado en madera y policromada, de 1,92 metros de altura. Representa a Cristo crucificado vivo, en actitud dialogante, en el instante en el que habla con San Dimas, el Buen Ladrón, que en ese momento está a su lado. Iconográficamente este Cristo supone ciertos avances morfológicos y de concepto respecto al Cristo del Amor, creando el autor aquí una obra muy personal, que se desmarca ya del modelo creado por su maestro Martínez Montañés.

De acusada impronta barroca y expresiva y con importantes novedades compositivas, respecto a obras precedentes, éste es un Cristo que no cuelga de la cruz al modo habitual, sino que se levanta en ella con fuerza colocando los brazos en una difícil posición casi horizontal. Fijado al madero con tres clavos, su figura aparece inscrita en un triángulo, donde monta el pie derecho sobre el izquierdo dando lugar a un cierto quiebro curvado de las caderas, que se cubren por un complicado sudario de tipo cordífero recogido en multitud de pliegues. La cabeza, coronada de espinas, se gira suavemente hacia la derecha mostrando un rostro donde se refleja con marcado verismo la gravedad del martirio sufrido; la expresión de los ojos y especialmente de la boca entreabierta acentúan el gesto dialogante de la imagen.

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