La ciudad de Baeza, territorio de frontera, con una posición estratégica envidiable, fue testigo de numerosas batallas y escaramuzas entre moros y cristianos a lo largo de la Edad Media. Los campos que allende en el tiempo harían soñar al poeta fueron reconquistados por primera vez en el 1147 y perdidos tan solo diez años después. Posteriormente, tras la histórica victoria de las Navas de Tolosa, la todavía Al-Bayyasa fue tomada y saqueada por las huestes cristianas. Quince años después, tras siglos de dominación musulmana, en un frío noviembre – quién sabe si revestido de la icónica niebla baezana, más conocida como “maretaso” -, la ciudad fue ganada definitivamente para la cristiandad por Fernando III, “el Santo”, el día de San Andrés de 1227. En recuerdo de aquel día, y por mandato de San Fernando, el patronazgo de este Nido Real de Gavilanes recae en el primero de los apóstoles.
Desde entonces, Baeza y sus gentes cultivan con mimo la devoción por San Andrés. Uno de los más insignes agricultores del amor y la fe por el hermano de San Pedro es, precisamente, don Alonso de Bonilla y Garzón, poeta baezano del Siglo de Oro, a quien este año celebramos en el 450 aniversario de su nacimiento. El insigne escritor dedicó no pocos poemas de bellísima factura al santo patrón de la ciudad. De entre todos ellos, se selecciona para la ocasión la chanzoneta que sigue por su interesante significación:
Al gran doctor de la Luz,
tanto Andrés supo seguir,
que hoy sube a sustituir
en la cátedra de Cruz.
El doctor, cuya presencia,
parte para otro lugar,
esle forzoso dejar
quien sustituya su ausencia.
Y porque al Doctor de luz
le fuese forzoso el partir,
quiere Andrés sustituir
en la cátedra de Cruz.
Quien sustitución alcanza
de algún Doctor eminente
le imita forzosamente
con extraña semejanza.
Andrés a un Doctor de luz
supo imitar y seguir,
tanto que a sustituir
sube en Cátedra de Cruz.
En estos versos, “el Fénix de España a lo divino” identifica a Jesús como un “Doctor de luz” y a San Andrés como un discípulo aventajado que, tras la marcha del maestro, ha de tomar el testigo de su cátedra. La comparación de Jesucristo con un doctor universitario no es baladí. La formación de Bonilla estuvo muy cerca de ser universitaria, si no lo fue directamente, como han aducido los investigadores que han estudiado su obra [1 y 3]. Aunque este poema deslumbre por el ingenioso símil y no por su complejidad teológica, basta con sumergirse en la superficie de la poesía de Bonilla para ser consciente de su amplia formación. Además, es indudable la íntima vinculación del poeta con la Universidad de Baeza. Sus miembros, entre ellos sus doctores, sufragaron el sepelio del poeta y numerosas misas por el descanso de su alma [1]. Así, en esta chanzoneta, Alonso de Bonilla nos presenta al doctor supremo de la universidad baezana y del mundo, Jesucristo, y a San Andrés, patrón de la villa, como su mejor “doctorando”, pues, tanto y tan bien imitó Andrés a su maestro que con su martirio terminó alcanzando la cátedra de la cruz.
¡Feliz Día de San Andrés!
? Retablo barroco de la Parroquia de San Andrés y Santa María del Alcázar con la imagen central de San Andrés Apóstol, atribuida, como todo el apostolado del retablo, a Gil Fernández. Justo encima se sitúa el imponente Crucificado de Sebastián de Solís [2].
[1] Cruz Cruz, Juan (2004): Alonso de Bonilla. Peregrinos, pensamientos de misterios divinos (1614) y otros poemas, (1615 – 1617).
[2] Cruz Cruz, Juan (2019): Baeza: histórica y monumental. Una visión intensa y breve de la intimidad estética de Baeza (sexta edición).
[3] Chicharro Chamorro, Dámaso (2011): El poeta Alonso de Bonilla, un giennense del siglo XVII.
*Los versos que dan forma al título “Pues quedaste hecho Andrés un equis de Amor de Dios” corresponden a otros de los poemas que Bonilla dedica al patrón de Baeza: “De San Andrés, acerca de que está en forma de X”.





