¿Turismofobia en Semana Santa?

No soy capaz de imaginarme una ciudad que durante unos días se llene o se colapse por el volumen de turistas y ciudadanos hasta el punto de que organizaciones se hayan plantado pensando en que esa situación ha de pararse, o esperen, creo que es lo mismo que pasa cada Semana Santa en buena parte de España.

La imagen de los nazarenos de las cofradías haciéndose hueco entre la marea de gente que visita la ciudad o va a ver las procesiones empieza a ser más que cotidiana. España se ha convertido en esta crisis económica en un país que vive del sector servicios, en el que los ingresos de las ciudades de todo el país en esa semana se multiplican, siendo uno de los eventos que más esperan muchos ayuntamientos y hosteleros.

No me quiero imaginar que este invento que ha surgido en zonas donde hay una afluencia masiva de turistas, se pueda extrapolar a esos días de Semana Santa, y que en mitad de una procesión se vea algo parecido a los actos lamentables que estamos viendo puedan ocurrir. Una procesión cortada por gente disfrazada, mientras hacen ruido y lanzan confeti como medio de protesta por el turismo que vive la ciudad podría acabar realmente mal, pero a estas alturas ya no me sorprende absolutamente nada.

Quizás si que exista masificación en las calles de nuestras ciudades en Semana Santa máxime cuando salimos todos a participar de los actos de nuestras cofradías. A eso hay que sumarle el turismo interior y el exterior, que visita nuestras ciudades y sus máximos monumentos, entre ellos, las iglesias -en plena ebullición de preparativos – pero salvo que llegue a un punto exagerado, no es necesaria una regulación o restricción expresa, tan solo hay que saber andar como si de una bulla se tratara.

La cuestión es que en un país en el que la creación de industria está prácticamente paralizada, tenemos que aprovechar la única fuente de ingresos que actualmente puede ayudarnos a salir de esta crisis que tantos años nos lleva ahogando.