El calor agosteño, que en ocasiones muta en inaudito a orillas del Guadalquivir, se apoderó de la tarde en la que la ciudad de San Rafael se convierte en la ciudad de San Lorenzo para precipitarse por los rincones, mientras las miradas se iban dirigiendo lentamente al mismísimo corazón del barrio cofrade por excelencia, donde existe un permanente aroma a incienso que lo impregna todo sea cual sea la época del año en la que nos encontremos.
Cada mes de agosto, desde que hace ahora tres veranos la Hermandad del Calvario decidiera regalar a la Córdoba Cofrade una nueva fecha en el calendario, el tiempo se detiene para arremolinarse con la cadencia propia de las cosas especiales. Así se siente esta jornada singular en el Barrio de San Lorenzo, adornado como la ocasión merece y en el que se han dado cita cientos de cordobeses para hacer protestación pública de fe.
La eucaristía previa a la procesión, tuvo un instante especialmente emotivo con el recuerdo emocionado a quien hoy no era visible, pero cuyo espíritu se encontraba presente en el corazón de todos los asistentes, Francisco Paz Martínez “el Maño”, cuyo recuerdo es una cuestión de necesidad cada vez que se atraviesan las puertas del templo en el que respiró buena parte de su vida. El cortejo se echó en brazos del gentío a las 21 horas, con puntualidad británica, para anunciar la llegada del Santo que se mostraba esplendoroso sobre el sempiterno paso de la Divina Pastora de Capuchinos, todo un comodín para la Córdoba de las procesiones.
A los sones de la Agrupación Musical del Nazareno de Cañete de las Torres, una de las formaciones musicales que más viene destacando durante los últimos años en la provincia cordobesa y que se ha estrenado con nota elevada, interpretando marchas como «De vuelta al Porvenir», «Himno de San Antonio», «Rocío del Cielo», «Jesús del Prendimiento», «Cerca de Tí» o «Pescador de hombres», en una plaza complicada ya que alberga en su seno a algunas de las cofradías con más solera de la ciudad de Córdoba, el cortejo, que contó con las representación de las hermandades de Villaviciosa, la Virgen de la Cabeza, el Prendimiento, Ánimas, Entrada Triunfal y Pasión, además de la lógica presencia del Calvario, avanzo pausadamente por las calles del barrio dejando a su paso momentos de gran belleza hasta que la luna se apoderó del azul del cielo.
Un caminar firme y elegante, como caracteriza a las cuadrillas que dirige con maestría el capataz Jesús Ortigosa, todo un seguro de vida, que hizo el resto para que la satisfacción se reflejase en los rostros de devotos y público asistente que no quisieron faltar a la cita con el Señor San Lorenzo, el día que sale a las calles para esparcir la semilla de la fe. Con la recogida en el templo fernandino concluyó una procesión, que contó con la presencia de nuestro compañero Antonio Poyato, y que paulatinamente está logrando hacerse el hueco que reclama en el calendario anual de salidas procesionales de la ciudad.























