Qué son los papones en la Semana Santa de León

Papones: identidad, origen y lenguaje de una tradición única en la Semana Santa de León

Ahora que en Roma algunos cofrades andaluces nos hemos encontrado con cofrades leoneses que han llegado acompañando al Nazareno de León, con los que hemos confraternizado animadamente, compartiendo nuestras tradiciones, pese a que desde algunos ámbitos de la organización y ciertos periodistas han querido enfrentarnos a base de menospreciarlos y quererlos colocar en una presunta preprocesión inexistente de segunda categoría, ha salido a colación un término, prácticamente autóctono, de su rica y maravillosa Semana Santa: papones. Un concepto que me dispongo a explicar, para todo aquel que no lo conozca, desde el mayor de los respetos.

Qué significa ser papón en León

Según defiende Francisco Javier Fuente Fernández en su blog Literatura y otros mundos, el término papón se emplea en León para designar a la persona que, perteneciente a una cofradía, forma parte de una procesión de Semana Santa acompañando a su paso. Esta figura se caracteriza por vestir de modo singular: túnica ceñida con cíngulo, guantes, y el distintivo capillo o capirote. Los colores de este hábito varían según la cofradía, predominando el negro en las más antiguas como Angustias, Nazareno y Minerva, símbolo de luto, oscuridad y recogimiento.

Un vocablo polisémico y con raíces locales

Aunque el término papón aparece con otros significados en distintas regiones de España, solo en León posee esta acepción estrictamente cofrade. Según el Léxico del leonés actual, papón puede significar también “soso”, “coco”, “gusano del abono”, “telaraña”, o incluso “amasado espeso para las gallinas”. Sin embargo, con el sentido procesional de penitente encapuchado, se registra en áreas como los Oteros, la Cepeda Baja, e incluso en Astorga, donde se habla de paparrones con función y aspecto similares.

Como personaje del imaginario popular, el papón también se emplea para asustar a los niños, como documenta Fuente Fernández con expresiones como “si non duermes, vien el papón”, recogida en Palacios del Sil. Esta acepción conecta directamente con la forma sombría del atuendo procesional, que recuerda a los viejos fantasmas utilizados para infundir temor en la infancia.

Origen etimológico y transformaciones históricas

Etimológicamente, el término deriva del latín pappa (voz infantil para pedir comida), de la que proviene pappare (comer) y papar en castellano. De ahí se origina papo (garganta, buche de ave) y finalmente papón, palabra ya recogida en el diccionario de Nebrija (1495) con el sentido de “variedad de melón”. La RAE introdujo su uso actual en 1925 como “fantasma para meter miedo”, y no fue hasta 1985 cuando añadió el significado de “glotón, simplón”.

Una metáfora visual y cultural

Fuente Fernández expone dos posibles hipótesis para explicar cómo este término se incorporó al vocabulario de la Semana Santa leonesa. La primera alude a la forma del capillo, cuya caída sobre el pecho recuerda al papo de un ave o a una gran papada, lo que justificaría el apelativo. La segunda teoría, que él considera más verosímil, enlaza con su antiguo uso como asustador de niños. En la penumbra de las calles antiguas de León, las figuras negras y silenciosas de los cofrades encapuchados bien pudieron asociarse en el imaginario popular con esos seres fantásticos de la infancia. Con el tiempo, este significado peyorativo se fue transformando y dignificando hasta adquirir el carácter honroso y afectivo con que hoy se nombra a quienes protagonizan las procesiones.

Una jerga propia: el lenguaje de los papones

La cultura de los papones de León va mucho más allá del hecho de portar pasos en las procesiones de Semana Santa. A lo largo del tiempo, este colectivo ha desarrollado un lenguaje propio que forma parte de su identidad colectiva, una terminología que enriquece su tradición y refuerza la singularidad de su vivencia cofrade. Este particular vocabulario ha sido recogido y difundido por el periodista y papón Javier Fernández Zardón, conocido como Motorines, en su obra Palabra de papón, una suerte de diccionario cofrade que se ha convertido en referencia obligada para comprender la riqueza expresiva de la Semana Santa leonesa.

En este compendio aparecen términos que, si bien podrían parecer comunes en otros contextos, adquieren aquí un significado preciso y exclusivo. Por ejemplo, el paso no es simplemente un conjunto escultórico, sino la representación visual de un pasaje de la Pasión. La palabra trono alude a la parte elevada del paso donde se fijan las imágenes sagradas. Los papones no cargan los pasos, sino que los pujan, un verbo cargado de tradición que se refiere al acto de llevar el paso sobre los hombros. Quienes desempeñan esta labor reciben el nombre de braceros, y cada paso está bajo la responsabilidad de un seise, figura clave en la organización de la procesión.

La acción conjunta de los braceros se denomina llevar el paso, mientras que el movimiento acompasado con la música de cornetas y tambores se llama bailar el paso. Uno de los elementos más distintivos es el concepto de rasear, que consiste en deslizar suavemente las suelas de los zapatos sobre el pavimento, generando un sonido rítmico y característico que forma parte de la atmósfera sonora de la Semana Santa leonesa.

También se reconocen figuras entre los espectadores. Los atajadores son aquellos que buscan caminos alternativos para poder ver la procesión en varios puntos, y se dice que hacen calle quienes esperan a la cofradía en zonas del recorrido que carecen de aceras. Finalmente, se habla de cronistas de acera para referirse a quienes observan y relatan cuanto sucede en los desfiles procesionales desde la calle, muchas veces aportando una narración tan precisa como entrañable.

Este lenguaje no es una mera curiosidad semántica, sino un símbolo de pertenencia y transmisión cultural, un reflejo del vigor y profundidad con que la ciudad de León vive su Semana Santa, y una muestra del patrimonio inmaterial que atesoran sus papones.


Foto de Miguel Seijas