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El Capirote, Jaén, Opinión, Sevilla

¡Qué triste!

En 2002, los sones de Pasión de Linares llegaron hasta Austria, como una de las actividades fijadas por la embajada española para clausurar la presidencia de España al frente de la Unión Europea. No recuerdo a ningún austríaco tirando por tierra el trabajo y el esfuerzo más que demostrado de esta agrupación musical criticando que una formación de fuera llegara hasta el corazón de Europa. Me sorprende que ciertos sevillanos, algunos más conocidos que otros, hayan puesto el grito en el cielo porque tocará tras el Cautivo de Santa Genoveva una agrupación musical que no es de Sevilla ni provincia. Claro que no es lo mismo tocar en Austria que en la Semana Santa, como tampoco es igual que llegue a tocar una formación musical de Andalucía a la capital de la misma comunidad que otra que llegue desde Albacete o Ciudad Real.

No quiero ni imaginarme qué pasaría si llegase una banda desde Barcelona, por ejemplo, porque muchos de los que han criticado que lleguen sones desde Linares, que desembarque hasta Sevilla una de las mejores agrupaciones musicales que existen, son los que luego se ponen la banderita el 28 de febrero celebrando el día de Andalucía y colgando mapas verdiblancos –las redes sociales tienen muy buena memoria–, y me pregunto yo qué les lleva a despreciar la música proveniente desde otros rincones cuando algunos solo lo hacen por el mero de hecho de tener presencia en las redes sociales porque de música saben lo mismo que cierto periodista anodino sobre las elecciones al Consejo.

Criticar por criticar, que es una buena fórmula para conseguir visitas y que habría dado más visibilidad a este artículo de opinión si se hubiera titulado de esa misma manera. Estos críticos, porque ahora con las nuevas tecnologías las reuniones en las mesas camilla a la hora del café se han trasladado a “hacer y ser periodistas” más allá de dejar en evidencia su ineptitud supina, habrían cerrado las puertas al alcalaíno Martínez Montañés, al cordobés Juan de Mesa o al archidonés Juan de Astorga si hubiera hecho falta. Y qué sorpresa se lleva uno cuando descubre la obra del sevillano Darío Fernández que es considerado como uno de los más aventajados imagineros de este siglo XXI cuya producción vende más fuera que dentro.

Le pregunto a esta serie de “opinadores” si han escuchado algún trabajo discográfico de Pasión de Linares, si emitirán su opinión después de escuchar a la formación detrás del Cautivo de Santa Genoveva. Porque dentro de este grupo de nuevos críticos también existe el sector que cambia de la noche a la mañana de idea, como se demostró con el experimento del Martes Santo porque –recuerdo– las redes sociales tienen muy buena memoria.

Algunos llegan a ser tan críticos que hasta se ceban con la actual junta de gobierno de esta hermandad del Lunes Santo. Una junta de gobierno que fue legitimada en las últimas elecciones y que ha venido realizando desde entonces un trabajo más que encomiable y que, digo yo, habrán barajado las opciones que han estado en su mano antes de quedarse con la carta definitiva.

Si han llegado hasta aquí, les recomiendo que se den una vuelta por las redes sociales para conocer cuáles son los argumentos que esgrimen este sector al que me dirijo para que vean cuál es la profundidad de sus juicios de opinión y cómo los análisis están copiosamente inundados de sapiencia contra la que no cabe ningún reproche.

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