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La Chicotá de Nandel, Opinión

Quizá, Ricardo

Que uno no se acuerda de Santa Barbara hasta que truena, que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, o que si hubiéramos reconocido verdaderamente la valía de algunas personas en la vida, tendríamos las almas más limpias, y las conciencias más tranquilas. 

Que no diré yo que quizá, Ricardo, quizá, te plagiaran algún diseño, con cuatro retoquitos, y fuera, otra firma de autor, aunque lo conozcan en su casa a la hora de la siesta. 

Que no diré yo, que quizá, Ricardo, quizá, huyeron más de ti que se acercaron, algunos que dicen que por tu carácter, por tus formas, pues no era fácil esta empresa u otra. Tonterías, quizá, fuera que algunos no te pueden ni mirar a la cara, y a otros, se les tendría que caer la cara de vergüenza de solamente nombrarte. 

Quizá, algunos corran, vuelen envueltos en la noticia de la fatalidad, y no fueron para dar un abrazo ni una enhorabuena en las festividades, pero es que lo del golpe de pecho, y las dos caras como las antiguas monedas, hacen que algunas personas sean cara y cruz continuamente. 

Que Merced, Ángeles y Buen Fin tienen sabor a ti, pues sí, quizá, que al verlas tantos años, aunque hayas estado fuera, siempre, siempre, he mirado si ibas delante, pues sí, quizá. 

Pero lo que no deja duda, sin quizá ninguno, es que la Córdoba cofrade te debe aún muchas, que el cariño de muchos, hasta con enfrentamientos entre ellos, ahora unidos por la incertidumbre, demuestran que tu efigie está por encima de todo, pero es pronto para recordar, pudiendo aún decírtelo a la cara. 

Que quizá ya sea tarde para cerrar viejas heridas, pues sí, quizá. 

Que tus pocas horas de sueño y tus ganas de diseñar como antaño, usando y marchando la cabeza como una locomotora, puede a veces ser perjudicial para una paz y calma necesaria para la salud de cualquiera, pues sí, quizá, pero tú siempre has sido el roble donde otros quisieron clavar el hacha y el hacha salió rebotada. 

Siempre has sido luz en la oscuridad y caballo de Atila en las infamias cofrades, los enfrentamientos de ego y las envidias, pero eso, Ricardo, le pasa solo a quien es admirado y tiene el don del arte puro que otros nunca podran tener.

Por eso Ricardo, quizá, ya sea tarde para muchas cosas, para que se reconozcan atrocidades incluso, hacia tu persona, pero no es tarde para empezar, donde tú decidas, donde estés más agusto, aquí, o allá, pero piensa que las piedras ya no serán las mismas, que la fachada ya no será tan blanca aunque sea nueva la cal, que Dolores tendrá más dolores en esa plaza, que la Paloma de la Paz volará un poquito más bajo, que el Cristo se quedará sólito, los faroles tenues si no decides volver a postrarte ante Él. 

Quizá Ricardo, no me gusten los trazos del diseño de esta espera, quizá, no me gusten las despedidas, quizá, no me gusten más que las alegrías, y si parecen milagrosas, quizá, pues sean alegrías únicas. 

Esperando otra de tus sonrisas, otra alegría tan única como tú, quizá Ricardo, muchos te echan de menos aunque no te llamaran, pero sabían donde encontrarte, quizá debas volver a tu sitio, a tu Córdoba, a tu plaza, quizá Ricardo, quizá. 

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