La ciudad de Ciudad Real cuenta desde ahora con una nueva cruz para el Santísimo Cristo de la Caridad, obra ejecutada por el escultor Ramírez Mata en madera de cedro y concebida para realzar la presencia y dignidad de la sagrada imagen tallada por el imaginero Claudio Rius. La intervención se integra armónicamente en el proceso de ejecución del nuevo paso y en el futuro misterio que completará el conjunto procesional, reforzando así la coherencia estética y espiritual del proyecto.
La hechura del Crucificado conserva actualmente en perfecto estado la policromía aplicada durante su restauración por Darío Fernández, tras haberse subsanado previamente ciertos daños que presentaba la imagen, trabajos en los que también intervino Ramírez Mata. Sobre esta base patrimonial consolidada, la nueva cruz se erige como un elemento que no solo sostiene físicamente la talla, sino que amplifica su mensaje teológico y devocional.
Una cruz concebida como signo de vida y esperanza
Lejos de plantearse como un simple soporte estructural o decorativo, la pieza ha sido diseñada desde su origen como un símbolo cargado de significado espiritual. Su configuración responde a la idea de la Cruz entendida como árbol de vida, expresión suprema del sacrificio redentor y, al mismo tiempo, anuncio de la esperanza y de la Resurrección.
Entre los recursos simbólicos incorporados destaca la presencia de ocho nudos en la madera, cifra que en la tradición cristiana alude al denominado “octavo día”, imagen de la vida nueva inaugurada por Cristo al vencer a la muerte. De esta manera, la cruz no se limita a sostener la efigie del Crucificado, sino que proclama visiblemente el misterio pascual, donde la muerte es transformada en promesa de eternidad.
El titulus crucis inspirado en la reliquia romana
Especial atención merece el titulus crucis (INRI), cuya configuración se aparta de los modelos habituales para inspirarse directamente en la reliquia venerada en Roma, tradicionalmente atribuida al letrero colocado sobre la cruz de Cristo y hallado por Santa Elena junto a fragmentos del Lignum Crucis y los clavos de la Pasión.
Con el propósito de alcanzar la máxima fidelidad histórica, el propio Ramírez Mata estudió personalmente en Roma el modelo original, llevando a cabo posteriormente una reconstrucción basada en dicha reliquia y restituyendo incluso las partes que hoy se conservan incompletas. Este proceso dota al conjunto de una dimensión histórica singular, vinculada a la tradición más antigua de la cristiandad.
Un gesto inclusivo: la devoción también a través del tacto
La nueva cruz incorpora asimismo un elemento de carácter inclusivo que amplía su alcance devocional. En la zona inferior se han dispuesto las palabras “Estrella” y “Caridad” en sistema braille, permitiendo que las personas con dificultad visual o ceguera puedan leerlas mediante el tacto.
Con este gesto, el autor ha querido subrayar que la devoción al Santísimo Cristo de la Caridad, Hijo de María Santísima de la Estrella, está abierta a todos, posibilitando que incluso quienes no pueden contemplar la imagen puedan acercarse a su significado espiritual a través de la experiencia táctil y sensorial.
Una obra al servicio del culto y la solemnidad del Jueves Santo
El resultado final es una cruz de fuerte presencia y marcado carácter, pensada para intensificar la belleza y expresividad del Crucificado y otorgarle mayor solemnidad en su estación de penitencia del Jueves Santo. Su diseño, plenamente integrado en el discurso artístico del paso y del futuro misterio, refuerza la dimensión catequética y simbólica del conjunto procesional.
Para Ramírez Mata, la realización de esta obra ha supuesto un profundo honor, especialmente por haber tenido en su taller al Santísimo Cristo de la Caridad, imagen querida y devotamente venerada en Ciudad Real. El escultor confía en que esta cruz contribuya a enriquecer su culto y a fortalecer la devoción durante muchos años.





