Ramón Valdivia, recién nombrado administradora apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, ha reflexionado en el programa Luz de Pasión, de 7 TV en Cádiz, sobre la religiosidad popular desde una perspectiva amplia, subrayando que la fe se expresa no solo en los grandes acontecimientos, sino también en gestos cotidianos que considera fundamentales. En este sentido, pone en valor prácticas como «un paseante que se persigna ante una iglesia», «bendecir la mesa cada día» o «instalar el Belén en casa en estas fechas señaladas», entendidas como manifestaciones sencillas pero profundamente arraigadas de la vida cristiana.
Dentro de ese marco, identifica la Semana Santa como una de las expresiones más sólidas de la piedad popular, afirmando que se trata de una realidad «que ha dejado una huella indeleble». Precisamente por ese peso histórico y espiritual, defiende que el debate actual en torno a procesiones extraordinarias, traslados y coronaciones debe afrontarse desde el «sentido común».
Confianza en el criterio técnico y colaboración con las hermandades
Valdivia manifiesta su disposición a colaborar con las hermandades siempre que las decisiones se adopten «conforme siempre al Derecho Canónico». En este contexto sitúa uno de los primeros decretos que ha firmado, el que autoriza la salida del Señor de la Humillación el Sábado de Pasión en Cádiz, una resolución que justifica señalando que «tengo personas adecuadas, potentes, responsables, que han desarrollado un trabajo muy bueno anteriormente y que me dicen que esto es bueno hacerlo. Me fío de su criterio».
Una vivencia cofrade desde la infancia
Al abordar su relación personal con las hermandades, Valdivia afirma sin ambages que «he sido cofrade y soy cofrade», explicando que es hermano de «unas pocas hermandades» y que su participación se remonta a la infancia. Reconoce que «las hermandades han tejido mi forma de entender la Iglesia» y redefine el término desde la fraternidad al señalar que «cofrade es ser hermano».
Desde esta óptica, destaca el valor social de las corporaciones en un contexto marcado por el individualismo, subrayando que «la estructura familiar que tienen las hermandades» constituye un patrimonio que a menudo se pasa por alto «porque lo damos por descontado».
Devociones vinculadas al camino y a los lugares
En el plano personal de la oración, explica que, más allá del Sagrario —al que dirige «la primera y la última oración del día»—, su espiritualidad está estrechamente ligada a los lugares que transita. Recuerda que al visitar el Santuario de la Virgen de la Luz, en Tarifa, la imagen «me conmovió», y que cada vez que cruza la puerta del Hospital de Mujeres «me encomiendo a la Virgen del Carmen».
Cuando se le pregunta por una devoción principal, responde con naturalidad que tiene «muchas, y no me puedo decantar». Evoca la importancia de la Virgen de los Reyes en Sevilla y señala que, antes de su entrada en Cádiz, «el primer gesto fue ponerme a los pies de la Virgen del Rosario», cuya imagen preside el despacho donde desarrolla su vida diaria.
Procesiones extraordinarias, traslados y límites
Sobre el debate en torno al posible exceso de cultos externos, Valdivia sostiene que «en la calle está lo que se necesita y lo que el pueblo demanda» y recuerda que «muchas procesiones extraordinarias están motivadas por historia», destacando que existen cofradías «que tienen muchos años, más que muchos estados».
Ante las peticiones de las autoridades públicas para limitar estas manifestaciones, resume su postura con claridad: cuando se dice «por favor, restringid esto», su respuesta es «restrínjalo usted, yo no se lo voy a decir a hermandades». Precisa, no obstante, que ya se están limitando salidas extraordinarias «a determinados tiempos» y apunta que quizá «la autoridad pública no querrá probablemente censurar eso».
En cuanto a la posibilidad de establecer criterios diferenciados, insiste en que «tiene que haber motivos verdaderamente extraordinarios» y que se actuará «conforme a derecho, no simplemente de acuerdo al sentimiento», con el fin de garantizar «equidad y justicia».
Respecto a la proliferación de traslados, considera que «las autoridades públicas se mojen también y sopesen si tienen que limitar a otras personas». Y al plantearse si estos actos deben ir acompañados de banda o itinerarios amplios, lanza una reflexión directa: «¿Un traslado es realmente un motivo para hacer una procesión encubierta?», concluyendo que hace falta «un poco de sentido común» y valorar «si es realmente necesario o no».
Coronaciones canónicas y proyectos pastorales
En relación con los proyectos de coronación de las hermandades de la Borriquita y la Expiración de Cádiz, Valdivia aclara que «no están en tierra de nadie, están en tierra del Derecho Canónico». Subraya que una coronación no debe ser «un culto externo extraordinarísimo», sino la culminación de «un proyecto de evangelización, caridad, de verdadera hermandad», evitando que se convierta en «una pose para un fasto extraordinario».
Si se cumplen estos criterios, reconoce que «posiblemente» no habría inconveniente, aunque introduce una reflexión irónica al señalar que «si todas están coronadas, habrá que buscar otro signo que las identifique como la recoronada», insistiendo una vez más en la necesidad de «tener sentido común».
La Semana Santa y la presencia del obispo
De cara a la próxima Semana Santa, Valdivia afirma que su intención es clara: «voy a estar en la Diócesis que se me ha encomendado», entendiendo esta presencia como «un signo de comunión con la Diócesis». Confirma que se le verá en las calles de Cádiz capital, aunque también buscará «espacios para estar en otros lugares de la Diócesis».
Define la presencia episcopal como «la presencia del padre que quiere estar con todos» y admite con realismo que «no me puedo multiplicar», concluyendo que intentará hacer «todo lo que se pueda» para acompañar a los fieles en esos días centrales de la vida diocesana.





