Mencionar el nombre de Raúl Berzosa implica sobrepasar el límite de lo cotidiano para adentrarse inexorablemente en lo sublime. Su mano prodigiosa es capaz de despertar sentimientos que muchos de los que nos enfrentamos a su obra, hasta desconocíamos que existían. De su infinita creatividad nacen imágenes que impactan por el significado que atesoran, porque simbolizan la esencia de lo vivido por muchos seres humanos y evocan irremediablemente esa conciencia colectiva que permanece latente en el alma de generaciones enteras.
Y es que, como decían hace unos meses mis buenos amigos y maravillosos artistas, Nuria Barrera y César Ramírez, que comparten con Berzosa esta capacidad de emocionar con cada trazo, reservada en exclusiva para los artistas de verdad -, hay parcelas del arte que no requieren de explicación y es preciso explicarlas para comprenderlas, si están sometidas a la interpretación, fallan irremisiblemente en el objetivo que pretenden alcanzar. Obras que no es necesario comprender sino sentir. Y eso ocurre con cada obra que adquiere vida en el taller de Berzosa. Un pintor mágico, que convierte cada lienzo, cada obra, en auténtica poesía, en una melodía inacabada que se concluye con el sentimiento despertado en el espectador para complementarse a la perfección con él.
Exactamente esto es lo que debe haber pensado la junta de gobierno de la hermandad Matriz del Rocío de Almonte, que preside Juan Ignacio Reales, que ha elegido el trazo incomparable de Berzosa para que ilustre con su infinita creatividad la Romería del Rocío de 2018. Una elección incontestable que, a buen seguro, regalará al universo de la pintura religiosa una nueva maravilla de uno de los artistas más excepcionales del actual panorama de la cartelería contemporánea.
No la primera vez que Berzosa ilustra la Romería de la Reina de las Marismas. Sin ir más lejos, en 2016, su pincel concibió un maravilloso cartel para la hermandad del Rocío de Huelva en el que representó en el lienzo la esencia de esta filial rociera. En él, aparecía en primer plano la Señora, por la que los peregrinos se echan a los caminos tras la carreta de plata, que el pintor representaba detrás de la Sagrada Imagen guiada por el Espíritu Santo que llega por Pentecostés. Toda la composición, salvo la Patrona Almonteña se envolvía en los colores propios del camino onubense. Camino que se vestía de gala en virtud de la obra de Berzosa. Ahora, el universo rociero ya contiene la puede dejar volar su imaginación soñando con una nueva obra de Berzosa que plasme con su trazo la verdad de la Romería más importante del mundo. Estamos de enhorabuena.



