El Remedio contra el mal augurio

La Parroquia de San Lorenzo ha vuelto a vivir entre la intimidad de sus muros fernandinos, una nueva cita con una de sus más hondas tradiciones. Una tradición que se contrapone al mal fario implícito en virtud de la creencia popular a la llegada de cada martes y trece pero que en la Parroquia cordobesa, se vive siempre de manera muy distinta y con gran intensidad en torno a la Madre de Dios.

Y es que, como bien nos recordaba nuestra compañera Esther Ojeda en uno de sus deliciosos artículos que planean sobre la memoria histórica de la Córdoba Cofrade más íntima, muchos son los que ante la llegada de esta fecha cruzan los dedos esperando que el día transcurra con la máxima celeridad posible, aún asentados en la superstición y el mal augurio.

Sin embargo, también son muchos los que en Córdoba asumen este día como el señalado en el calendario para acudir a su ya habitual cita con la Virgen de los Remedios. Fieles a esa tradición, una gran multitud de devotos han vuelto a rodear una vez más la Parroquia de San Lorenzo en largas colas que se extienden por la acera de María Auxiliadora con motivo del Solemne Besamanos para el que la emblemática iglesia permanece abierta durante toda la intensa jornada.

En contraposición al ideal de mala suerte que siempre se le ha atribuido al martes 13, San Lorenzo, y en particular la Virgen de los Remedios se disponía ya de madrugada a recibir el cariño de una gran multitud de fieles que asisten sin falta a visitar a la imagen para pedirle los tres deseos entre los que, según se cuenta, se concederá uno de ellos por intercesión de la Santísima Virgen, como ocurriese en este excelente reportaje de nuestro compañero Antonio Poyato, correspondiente a una ocasión precedente que reproduce escenas que volverán a repetirse este martes.

Esta práctica ha llegado hasta nuestros días gracias a la devoción que cobró protagonismo durante la década de 1940 en la que los feligreses llegaban hasta San Lorenzo con el propósito de realizar ofrendas florales y encender velas a la Virgen de los Remedios y que evolucionó ya entrada la década de los 90, en la que el célebre besamanos pasó a sustituir a las antiguas velas pero no a las flores, que tan presentes siguen estando junto a los deseos de las personas que continúan perpetuando esta larga y emotiva tradición.