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La crónica | Rescatado Trinitario

Necesitaba irme a una calle un poco menos concurrida, si es que eso era posible en esta tarde de Domingo de Ramos. Sin alejarme mucho del entorno de San Pedro, encuentro un hueco en la Plaza del Vizconde de Miranda. Parece que aquí podría observar el transitar de la Hermandad del Rescatado, del Señor de Córdoba.

Hermandad que está de enhorabuena por la noticia que anoche leí en un medio digital, noticia que narraba cómo en la Misa de preparación de la Estación de Penitencia se dio lectura a la carta remitida por el Provincial de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos de la provincia del Espíritu Santo, y en la que se concede a la Cofradía el uso del título de Trinitaria en el nombre de la Hermandad. Así goza ya la corporación de todos los privilegios y gracias concedidos a la Orden.

Y con esta alegría han iniciado los hermanos del Rescatado su Estación de Penitencia bajo un sol de primavera que a ratos cegaba el caminar de los nazarenos de hábito trinitario.

El impresionante paso dorado con sus cuatro faroles se acercaba poderoso hasta donde me encontraba, con Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado mudo, inmóvil, con las manos atadas, con la mirada baja pero llena de fuerza; cautivo condenado a morir en la Cruz. Recordando lo visto esta mañana, ¿quién puede entender a un Cautivo como el Rescatado?

He tenido tiempo para contemplar su túnica, su pelo enredado por el aire que se empezaba a levantar. Luego me he enterado de que ha sido por un percance sufrido por el paso de palio a la entrada de la calle Alfonso XII cuando se ha salido el primer varal. El tiempo empleado en solucionar esta pequeña incidencia es el tiempo que he podido dedicar a buscar su mirada y un porqué a todo esto.

La Banda de Cornetas y Tambores de la Coronación de Espinas me ha despertado de mi conversación con el Rescatado, mientras lo he visto alejarse como lo vi llegar: sereno, humilde, sin odio, Rey y Dios.

Ya aparecía María Santísima de la Amargura, maravillosamente vestida por las manos de Antonio Villar, con su saya nueva de terciopelo azul, bordada en oro fino y realizada en los Talleres de Cuadrado y Castro.

Si la mirada del Rescatado era de serenidad, la mirada de María Santísima de la Amargura parece sólo estar esperando ver qué hace su Hijo delante de ella, sólo separados por dos filas de cirios que luchan por permanecer encendidos ante el aire que sigue soplando. Siempre a su lado, desde lejos, pero siempre está.

Con un exorno floral medido y clásico con piñas de claveles blancos entre los varales con la figura de su Hijo en las peanas, y con un friso ancho en todo el perímetro del paso de palio junto con jarritas de rosas blancas ante la candelería, María Santísima de la Amargura sólo asoma su pena en sus labios, pues sus lágrimas son de tristeza calma.

Otro pequeño percance ha sufrido la procesión, pues el Guion de Juventud ha necesitado de un pequeño arreglo de costura para devolverlo a su mástil, lo que se ha solventado en un momento por un nazareno en un banco junto al paso de palio.

Y detrás del paso, junto con los músicos de la Banda de Ntra. Sra. de la Estrella, las promesas y las penitencias que se cuentan por decenas; todas ellas personificadas en quienes siguen los pasos de Jesús Rescatado y de su Madre con la mirada fija en Ellos.