La crónica | La Esperanza que nunca falta

Según me ha contado Rafalito, este año la Hermandad de la Esperanza está de celebración pues se cumplen 75 años desde que Martínez Cerrillo tallase a su Virgen. Un año repleto de actos que conmemoran este aniversario, y que hoy se ha visto adornado con una Estación de Penitencia llena de Esperanza en las calles de Córdoba.

En la estrechez de la Plaza de la Almagra y la calle del Poyo, camino de la Catedral o de regreso a San Andrés, el numeroso cortejo de nazarenos blancos de pureza y verdes de Esperanza inunda de luz y brillo la tarde del Domingo de Ramos.

Estreno del Banderín del Grupo Joven, diseñado por Gonzalo Navarro y bordado por Manuel Solano, como incorporación al guion procesional de la corporación.

Los ciriales anuncian la llegada de Jesús de las Penas entre una nube de incienso. La talla también de Martínez Cerrillo está rodeada de las tallas de Antonio Bernal, en un conjunto armonioso que no se restan protagonismo a ninguna de las Imágenes entre sí.

Jesús es despojado de lo poco que le queda. Le quitan la túnica y lo dejan desnudo, desvalido como el Niño que fue. Ya sólo le viste la sangre.

Al compás de la Agrupación Musical Ntro. Padre Jesús de la Pasión de Linares -con un repertorio un poco sobrecargado en las composiciones y un himno nacional innecesariamente floreado en la salida procesional-, y con la fuerza y decisión de sus costaleros, el paso de misterio emboca la calle Juan de Mesa como ya hiciera por la Espartería o por los Arcos de la Corredera.

Y detrás de todos, Ella. A la que dirigen la mirada en todas las oraciones sus Hijos. Coronada por la obra de Emilio León, bajo diseño de Rafael Rueda, luce esplendorosa en su altar ambulante que le sirve para repartir esperanza a todos los que la necesitan.

Según me cuenta también mi guía cordobés, la salida del templo del Realejo ha sido impresionante, con una “levantá” desde el suelo muy equilibrada y serena.

Flores blancas, con esquinas que también parecen querer estar bajo el sol y no bajo el palio. Los poderosos varales se mueven al compás de las marchas que interpreta la Banda de Música de la propia Hermandad poniendo fin al cortejo en un año que se quedará en la historia de la corporación.

Aunque si magnífico ha sido todo su devenir por las calles de Córdoba, espectacular y emocionante ha sido la llegada de la cofradía San Andrés. Con un público absolutamente entregado, dos cuadrillas regalando toda su esencia, y dos bandas que han ofrecido lo más granado de su repertorio para provocar la ovación y la admiración de los miles de cordobeses que se ha dado cita en las puertas del templo entrada ya la madrugada de un Lunes Santo que ya se atisba en el horizonte.