Resumen gráfico de los besamanos de las Esperanzas

En el día de la expectación de Nuestra Señora numerosas imágenes de la capital estuvieron presidiendo el presbiterio de sus respectivos templos para se veneradas por los fieles.

En el barrio de la Macarena esperaba la Señora de San Gil, como estos días atrás, que se mostraba ante los devotos en un día que comenzó con la misa en la basílica y que continuó con gran afluencia de público, que llegaba hasta la muralla.

De allí el cronista llegó hasta Recaredo para encontrarse con la Virgen de Gracia y Esperanza, que se mostraba ante el crucificado que tallara Sánchez-Cid y que vino a sustituir al perdido en los disturbios de la guerra civil, aquel que tanta devoción atesoró en siglos pretéritos.

En su capilla esperaba Nuestra Señora del Sol. En el Plantinar se mostraba ante los fieles la dolorosa portando la ráfaga, como suele ser habitual, y ante los titulares de la corporación del Sábado Santo.

Regresando a la ronda, parada obligada la basílica de María Auxiliadora para visitar la que es sin duda la gracia sevillana del Sábado Santo. La Esperanza de la Trinidad, magistralmente ataviada por Joaquín Gómez se presentaba en el presbiterio del templo. Y tras Ella, el Espíritu Santo que anualmente se presenta en el día de su salida acompañando al Padre y al Hijo en el paso del Sagrado Decreto.

En el viejo arrabal largas colas en la calle Pureza para encontrarse con la Esperanza de Triana. Las clásicas arañas colgaban del techo y en un año donde la Iglesia ha ensalzado la figura de San José no faltó el patriarca, situado tras la dolorosa.

Y en la O, la jornada, que comenzó con los gozos a la Señora la noche anterior, esperaba la imagen de Castillo presidiendo el templo que lleva su nombre.

En la céntrica plaza de San Martín la titular letífica de la hermandad de la Sagrada Lanzada se hallaba en el altar mayor. La Esperanza Divina Enfermera, con su niño aún por nacer, recibía la visita de los sevillanos.

Más alejado del centro está el templo parroquial de Nuestra Señora del Juncal. Allí reina María Santísima de la Esperanza, Reina de los Mártires, que presidió su sede canónica con motivo de su festividad, era la que extendía la mano hacia los vecinos, portando la medalla de la Virgen de los Reyes, con motivo del aniversario del patronazgo sobre la ciudad y su archidiócesis.