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El Respiradero, Opinión

Ruán para un Erasmus

Hoy quiero contaros algo que pone brillo al papel sentimental de las Hermandades y la fe. Salirme de todo lo que rodea las intensas horas de cuaresma y lo que se vivirá en menos de tres semanas cuando alcancemos la Semana Santa. Quiero hacerles saber algo hermoso. Lo que no se ve y quizás sea de las cosas más importantes de las cofradías. El amor de aquellos que se acercan a las Imágenes.

Estaba esta semana en la Capilla de la Hermandad de los Estudiantes para escuchar un concierto de la Banda de Nuestra Señora del Águila de Alcalá de Guadaira que se ofrecía tras la Misa de Hermandad. Sentado con un amigo minutos antes del concierto vi a un chaval que no se despegaba del Cristo de la Buena Muerte y la Virgen de la Angustia. Le hacía una foto. Y volvía a quedarse un rato mirándolos.

Me quedé observando a este joven que me sonaba tanto. Y tras unos segundos lo situé. Era un muchacho brasileño que está de Erasmus en Sevilla y con el que comparto clase. No podía salir de mi asombro. ¿Por qué un brasileño que acaba de llegar a la ciudad está mirando tan intensamente al crucificado de Juan de Mesa? ¿Cómo habrá conocido la existencia de la capilla? ¿Sabrá lo que es una Hermandad y una Cofradía? Tantas y tantas preguntas que pasaban por mi cabeza en poco tiempo que no tuve más opción que dirigirme hacia él, saludarle y salir de mi duda y asombro.

Cuando llegué y le extendí la mano, vi como colgaba de su cuello el cordón morado de la medalla de la Hermandad de los Estudiantes. Le pregunté que si conocía todo ésto y me dijo que sí. Se había hecho hermano y acababa de jurar reglas. Él en sus ratos libres de estudios buscaba un rato para estar con Dios y le dijeron que había una capilla que era de la universidad. No vio mejor lugar de estar con el Señor en un sitio donde tantos estudiantes despachan sus oraciones y se reúnen muchos jóvenes.

Allí encontró una paz interior única. Y un mundo donde querían a Jesús y a su Madre de una manera distinta a la de su país natal. Desconocida en Brasil. Y más bella de lo que este joven podía imaginar. Así que rápido quiso hacerse hermano. Estar con ellos e incluso salir de nazareno el próximo Martes Santo. Es un estudiante más de la Universidad de Sevilla, otro que llega a estudiar su carrera y encuentra una devoción en el Cristo de la Buena Muerte y la Virgen de la Angustia.

No sé que será del futuro de este joven brasileño. Es muy probable que vuelva a Brasil y lleve allí la devoción hacia las Imágenes de la Hermandad de los Estudiantes. Pero también puede que se quede aquí enamorado de una de las ciudades más bonitas y sin separarse del Cristo de la Buena Muerte, Aquel al que no podía parar de mirar mientras apretaba fuertemente su estrenada medalla. No sé lo que pasará. La única certeza que me llevo de hablar con él es que estará siempre unido a Ellos.

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