Jornada de besos y miradas, de oraciones y de promesas, de reencuentros y recuerdos atesorados. Siempre que llega el momento de encontrarse con Ella, el corazón se agita y el sentimiento encuentra acomodo a flor de piel. Miles de emociones convergen ante las pupilas de la Virgen de la Salud, la reina imperecedera del Barrio del Naranjo. Ante su luz las manecillas del reloj se detienen y las almas se abren para buscar consuelo en el poderoso asidero de la mano de la Madre de Dios. Así ha brillado, dulcísima, sanadora… Eterno salvavidas para los espíritus que nadan en el proceloso océano de la tribulación. Porque solo Ella es Salud para el alma de Córdoba.














