En el seno de la iglesia conventual de San Cayetano, enclave de profunda raigambre espiritual en la ciudad de Córdoba, han dado comienzo las labores de restauración arquitectónica y conservación preventiva en la histórica capilla de Jesús Caído, motivadas por la necesidad de erradicar los efectos nocivos de la humedad que desde hace tiempo comprometen la estabilidad del conjunto.
La intervención, impulsada de forma conjunta por la comunidad de Carmelitas Descalzos y la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído, responde a una visión de futuro que busca asegurar la pervivencia del patrimonio sacro mediante soluciones técnicas de carácter duradero. En esta primera fase, los trabajos se centran en la cubierta exterior, contigua a la nave de los pasos, cuyos desperfectos estructurales han favorecido filtraciones que afectan al interior. Los andamios, que se pueden observar desde la Cuesta de San Cayetano, anuncian el desarrollo de un proyecto cuyo horizonte temporal se estima en algo más de dos meses.
Con el fin de preservar la dignidad cultual de las imágenes durante el proceso, los Sagrados Titulares han sido desplazados temporalmente al altar mayor, donde se hallan dispuestos conforme a una cuidada distribución litúrgica: el Señor ocupa el lado de la Epístola, mientras que la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad se sitúa en el del Evangelio. En el centro del presbiterio continúa, como es tradicional, la imagen de la Virgen del Carmen.
Los trabajos están siendo ejecutados por la empresa LAYMA Edificación y Obra Civil S.L., gracias a una subvención de 25.000 euros concedida por la Diputación Provincial de Córdoba, a la que la corporación expresa su más sincero agradecimiento por su apoyo decidido a la conservación y puesta en valor del patrimonio religioso cordobés.
La iniciativa responde no sólo a una urgencia técnica —agravada por la elevada pluviometría del presente año—, sino también a una voluntad decidida de honrar y salvaguardar un espacio de altísimo valor devocional y artístico, donde las imágenes del Caído reciben culto ininterrumpido desde el siglo XVIII. Si bien en 2013 ya se acometieron ciertas actuaciones de emergencia para contener las primeras grietas, la actual intervención aspira a consolidar de manera definitiva el inmueble y garantizar un entorno seguro para el venerable conjunto escultórico.
Este noble empeño, sustentado por la sensibilidad patrimonial de sus promotores, se erige como un acto de amor al legado cofrade y a la memoria religiosa de Córdoba, y se inscribe con dignidad en la tradición de cuidado y esmero con que esta comunidad ha sabido custodiar sus bienes más preciados.











