Enfoque | La cuadrilla de La Paz, un cambio de paradigma

El mundo del costal ha evolucionado, de forma exponencial, durante las últimas décadas. Una progresión que se ha manifestado en dos vertientes: una cuantitativa (la más notoria en cuanto al elevado número de costaleros); y otra cualitativa (los capataces cada vez cuidan más el apartado técnico).

De aquellos finales de los 70 y de los 80 y 90 quedó el legado de capataces, que fueron pioneros y algunos, adelantados a su tiempo. Una herencia que fue transmitida a los entonces costaleros, algunos de los cuales la han sabido cuidar y valerse de ella para aplicarla.

Uno de ellos es Rafa Giraldo, actual titular de los martillos de La Estrella, Mayor Dolor en su Soledad, y La Paz y Esperanza. El pasado Miércoles Santo, Giraldo pudo estrenarse como capataz en las calles de Córdoba con la Paloma de Capuchinos. Una puesta de largo que, como han señalado distintas voces, ha dejado una estampa de buen hacer que no se veía desde los tiempos de Rafael Muñoz. Si bien, la impronta del actual capataz va más allá y supone un cambio de paradigma, que se ha reflejado en un andar de una cuadrilla y un capataz que han dotado al palio del estilo exacto que necesita.

El origen

Pero, ¿de dónde le viene esa maestría a Giraldo? Además de las cualidades innatas, de su afán por estar en constante aprendizaje y la natural experiencia que dan los años, hubo un momento y una persona que supusieron el detonante. 

Fue a finales de la década de los 2000, cuando se preparaba la primera salida procesional de la Virgen de la Estrella y Giraldo recibió la llamada para formar parte del equipo de auxiliares del que fue el primer capataz de la imagen de la Huerta de la Reina. Algo que, para Giraldo supuso “un auténtico reto, porque jamás lo había pensado, nunca me había metido en el oficio de la terna negra y no sabía cómo iba a digerir todo aquello porque es totalmente diferente a ir debajo”, señalaba el protagonista en una entrevista concedida a este medio.

En la misma, Giraldo reconocía que “aprendí mucho de Fernando, sus hábitos, es muy meticuloso y me lo ha dejado impregnado, muy milimétrico, todo va con una exactitud matemática. Un milímetro es un milímetro, y eso es una herencia adquirida que creo que me vino muy bien”. Quienes conocen a Morillo ya saben de dónde le viene ese amor, no ya por el trabajo bien hecho, sino por la búsqueda de la perfección, a Giraldo.

El consejo

Rafa Giraldo

Si se ha querido ver un punto negativo con el golpe al farol de la calle Alfaros (donde también había -al otro lado- un cartel, un aguacero creciente, una calle por dónde nunca había pasado la cofradía y un andar más que rápido del cortejo y el palio), que no deja de pasar de lo anecdótico, es el momento de recordar un consejo que dio el propio Morillo a Giraldo.

Lo contaba así en la citada entrevista: “una de las cosas que me dijo Fernando cuando cogí el paso y el me dio la enhorabuena, que yo era el elegido para ser capataz titular de La Estrella, te toca torear, pero torea tú, si te tienes que equivocar, equivócate tú, que nadie se equivoque por ti. Y todos nos hemos equivocado, todos. Así que ve con la confianza de lo que tú estimes conveniente y , si te equivocas, no pasa nada, ya aprenderás, porque todos hemos aprendido a base de golpes”. 

A lo que añadía que “así fue, desde primera hora, lo que no he sabido lo he preguntado. Afortunadamente, compañeros del oficio ante cualquier duda que he tenido los he llamado y me han atendido estupendamente y me han ayudado. Y desde ahí, aprendiendo todos los días, porque todos los días se aprende”.

El trabajo realizado

Estos dos años de labor al frente de la cuadrilla de La Paz han sido intensos y, como manifestaba Giraldo, “venimos realizando ese trabajo de cohesión humana dentro del paso y, por supuesto, también a nivel técnico se ha ido trabajando”. 

El capataz destacaba que “no van a dejar de ver a una imagen a la que tienen una devoción tremenda, porque el centro de atención tiene que ser ella, por supuesto. Y no van a dejar de ver a una cuadrilla entregada a su Virgen, al igual que lo estaba antes, pero nosotros le hemos dado unas características”. 

En ese sentido especificaba que “hemos hecho un corte de altura, en 2024, para dejarla más homogénea, para poder igualar algo mejor las levantás, las arriás. Y hemos trabajado muchísimo en conjunto, a nivel humano, y, a partir de ahí, un cariz técnico en cuanto a todo, a la manera de andar, de tirar el pie al suelo, la cadencia de paso… de todo. En todo lo genera técnicamente una cuadrilla le hemos intentado dar un paso más de nuestra mano”.

El resultado

Y la consecuencia de esa labor no ha sido otra que un caminar del palio asentado en los cánones clásicos. Esto con una dificultad añadida, pues las famosas ochavas hacen que el movimiento sea, en la mayor parte de los casos, radicalmente diferente al resto de palios. Si bien, lo que Giraldo ha conseguido es una armonía en las formas que ha rozado lo perfecto. Y ahí es donde está el cambio de paradigma, lo que no se hizo antes, o lo que se antojaba similar en la etapa de la familia Muñoz. Una transformación que deja la sensación, tras esta primera vez, de que lo mejor está por venir.