A pulso aliviao, Opinión

San Isidoro. arzobispo de Sevilla, santo y doctor de la Iglesia

«Tú, que amas la suprema equidad: Que la ignorancia no nos arrastre al desacierto; que el favoritismo no nos doblegue».

Con esa sencilla pero profunda pincelada moral y mística, uno de los religiosos más importantes de Cristianismo y Doctor Universal del catolicismo, San Isidoro, intenta cambiar los esquemas de una humanidad que mira más hacia el suelo que al cielo.

La Iglesia, y con especial cariño la diócesis hispalense, conmemoran en este 26 de abril la festividad de este religioso elevado a los altares, cuya huella literaria, teológica y sobre todo humana sigue perenne en el siglo XXI.

San Isidoro (sobre 556 – 636) es designado arzobispo de Sevilla tras la muerte de sus hermanos Leandro, quien lo precedió en este ministerio.

El pastor sevillano se forma con las lecturas de San Agustín y San Gregorio; además de aprender latín y griego en la Escuela Catedralicia de Sevilla.

Tal y como detalla la página web Biografía y vidas, San Isidoro se propuso recomponer las debilitadas estructuras culturales de España, desplegando todos sus recursos pedagógicos para contrarrestar la creciente influencia de las culturas consideradas bárbaras.

El Santo, indican los datos biográficos de dicho espacio interactivo, propició también el desarrollo de las artes liberales, del derecho y de las ciencias, y en el Cuarto Concilio Nacional de Toledo, iniciado el 5 de diciembre del 633, estableció las bases de un decreto que impuso una política educativa obligatoria para todos los obispos del reino.

Entre sus obras destacan especialmente las Etimologías, una gran enciclopedia de nada menos que veinte libros donde se desgranan amplísimos conocimientos sobre la cultura clásica.

Y es tan importante el legado de San Isidoro, que hasta el papa Benedicto XVI le dedicaba la audiencia general del 18 de junio de 2008, exponiendo que «con su realismo de pastor verdadero, Isidoro de Sevilla propone una síntesis entre la vida contemplativa y activa inspirada en el ejemplo de Cristo, que durante el día ofrecía signos y hacía milagros en la ciudad, pero mostró la vida contemplativa cuando se retiraba a la montaña y pernoctaba en oración”.

Asimismo, el pontífice resaltaba que «En San Isidoro hay que admirar su preocupación por no dejar de lado nada de lo que la experiencia humana produjo en la historia de su patria y del mundo. No hubiera querido perder nada de lo que el ser humano aprendió en la antigüedad, pagano, hebreo o cristiano que fuera”.

Sevilla sigue rindiendo honores a esta figura importantísima de su historia y de la diócesis, dando nombre a uno de los templos más impresionantes de cuantos alberga la ciudad, así como a una cofradía penitencial que hace Estación de Penitencia a la Catedral cada Viernes Santo.

Y hasta una Imagen del obispo procesiona anualmente en la procesión del Corpus Christi, como señal del cariño, respeto y devoción que le sigue profesando la ciudad.