Sanlúcar se prepara para la procesión extraordinaria del centenario de la Hermandad del Cristo de la Expiración

La Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración ha dado a conocer el horario e itinerario de la procesión extraordinaria que tendrá lugar el sábado 10 de mayo, en una jornada que se anticipa como uno de los momentos más destacados del calendario cofrade local.

La salida será a las 18:15 horas desde la Parroquia de San Nicolás de Bari, y la recogida está prevista a las 01:15 de la madrugada del domingo 11 de mayo. Durante más de siete horas, la imagen recorrerá distintos enclaves del casco urbano, permitiendo a fieles y devotos acompañarla en un itinerario cargado de simbolismo.

El recorrido será el siguiente: Parroquia de San Nicolás de Bari, calle Santo Domingo, plaza de San Francisco, calle Santo Domingo, calle Ángel, plaza de Santa Ángela de la Cruz, Santo Domingo, Carnicería, Fariñas, Carril de San Diego, Santo Domingo, Compás de Santo Domingo, Mar, Bolsa, San Nicolás, Rubiños, San Antonio, Bolsa, San Salvador, Barriada Rubiños, San Salvador, Albero, Escalera del Paseíllo, San Diego de Alcalá, avenida de San Francisco, plaza del Pino, calle Plaza de Toros, calle Barrameda, calle Santo Domingo y regreso a la Parroquia de San Nicolás.

En el apartado musical, la procesión contará con dos formaciones de primer nivel. La Asociación Filarmónica Banda de Música Julián Cerdán será la encargada de acompañar el primer tramo del recorrido. Posteriormente, tomará el relevo la Banda de Cornetas y Tambores de la Archicofradía del Paso y la Esperanza de Málaga, que aportará su característico sello sonoro a la parte final del cortejo.

La Hermandad invita a los fieles a participar con respeto y recogimiento en este acontecimiento excepcional, que será sin duda una manifestación pública de fe en torno al Santísimo Cristo de la Expiración, una de las devociones más arraigadas de la Semana Santa sanluqueña.

El Santísimo Cristo de la Expiración: símbolo de la muerte redentora y joya barroca sin autoría documentada

El Santísimo Cristo de la Expiración representa el instante supremo en el que Jesús entrega su último aliento en la Cruz. La talla, realizada en madera de cedro policromada, alcanza una altura de 1,76 metros. Su rostro aparece ligeramente inclinado hacia la derecha, con la mirada elevada y perdida en el cielo, mientras que sus brazos cuelgan naturalmente del travesaño, y las palmas de las manos se presentan semiabiertas. Viste un sudario de tipo cordífero, anudado al lado derecho, que deja al descubierto el muslo de ese mismo costado. La cabeza aparece coronada con espinas y potencias de plata de ley sobredorada, y el cuerpo se encuentra sujeto a la Cruz —de sección cilíndrica y aspecto arbóreo, elaborada en pino de Flandes— mediante tres clavos.

Desde cualquier ángulo, la imagen transmite con fuerza el dominio implacable de la muerte sobre el cuerpo humano. La cabeza ladeada, los ojos entornados y apagados, la nariz perdida en la penumbra que precede al final, y la boca entreabierta en un último intento por respirar, evocan con intensidad la agonía final. Las costillas sobresalen bajo una piel de tono mortecino, el abdomen está contraído y apenas sugiere un tenue movimiento sin ritmo. El conjunto entero responde a una estética profundamente barroca y realista, donde el dolor y la redención se funden en una escena de conmovedora expresividad. Los signos de la muerte se manifiestan con claridad: pómulos hundidos, nariz afilada, ojos semicerrados… cada detalle subraya la gravedad del momento en que el Redentor consuma su sacrificio.

Aunque no existen documentos que certifiquen su autoría, la tradición ha atribuido desde antiguo esta imagen a Juan de Mesa, escultor cordobés de extraordinario prestigio, o a algún miembro de su círculo. La investigadora Ana María Gómez Díaz sostiene que la escultura, de intenso barroquismo, podría proceder del propio artista o de su escuela. Algunos especialistas incluso han planteado que la cabeza del Cristo fue realizada por Mesa, y el resto del cuerpo ejecutado por algún discípulo. De ser cierta esta hipótesis, la imagen correspondería a la primera mitad del siglo XVII, época de esplendor de la imaginería barroca sevillana. El dramatismo y la tensión del momento se reflejan con fidelidad al lenguaje visual de la Contrarreforma, que buscaba conmover al fiel y reforzar su fe a través de la emoción.

Los primeros datos documentados sobre esta talla datan del año 1663, cuando formaba parte de la Ilustre Hermandad de Mareantes, bajo la advocación de Cristo de las Aguas, título que ostentó durante los siglos XVII y XVIII. En 1758, el historiador ilustrado Juan Pedro Velázquez Gaztelu escribió que en el altar mayor de la iglesia de San Nicolás de Bari se veneraba esta imagen, a la que el pueblo acudía con fervor en épocas de sequía. La tradición recogida señala que, gracias a su intercesión, se obtenían lluvias, lo que motivó su denominación como Santo Cristo de las Aguas.

Desde el año 1926, esta venerada talla está catalogada como monumento histórico-artístico nacional. Junto con la imagen del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, obra atribuida a Francisco de Ocampo y conservada también en Sanlúcar, forma parte de las cien mejores tallas de España, según la publicación Historia del Arte Cristiano, tomo dedicado a la Pasión de Cristo, escrita por Ramón Carrión Aznar y publicada en 1950 por la Biblioteca de Autores Cristianos.

La imagen fue restaurada en 1985 en los talleres sevillanos del profesor Juan Manuel Miñarro López, reconocido por su labor en el ámbito de la conservación y restauración de obras de imaginería sacra.

La fundación de la Hermandad del Cristo de la Expiración y la Virgen de la Esperanza en 1925

La Hermandad que hoy conocemos como Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de la Esperanza vio la luz el 12 de mayo de 1925 en la ciudad de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Su origen se sitúa en la entonces filial de la parroquia de Santo Domingo, la iglesia de San Nicolás de Bari, donde un grupo de fieles, guiados por el impulso del Rvdo. D. Manuel Cuadrado Cabrera, por aquel entonces coadjutor de Santo Domingo y responsable de la filial, decidió formalizar una devoción que ya venía arraigada desde años atrás.

La presencia del Crucificado bajo la advocación del Santísimo Cristo de la Expiración en el retablo de la iglesia de San Nicolás había generado en muchos fieles un deseo latente de crear una hermandad en su honor. Así lo expresó el propio padre Cuadrado durante la sesión fundacional, señalando que “desde hacía tiempo los devotos anhelaban constituir una Hermandad” que diera forma y continuidad a esta veneración.

Aunque el eje fundacional giró en torno a la imagen del Cristo, como bien evidencia el sello que rubricaba el acta —donde aparecen únicamente símbolos alusivos a la Pasión como la cruz, la escalera y la lanza, acompañados por la inscripción “Hdad del Santísimo Cristo de la Expiración. Sanlúcar de Barrameda”—, la redacción definitiva del acta incluyó también la presencia de una dolorosa como cotitular. Así, la Hermandad quedó erigida bajo el título completo de “Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de la Esperanza”, consolidando desde su nacimiento la unión devocional entre ambas imágenes.