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El Cirineo, 💙 Opinión

Saquen sus manos de las cofradías

Quienes ya peinamos canas hemos visto esta película muchas veces en ocasiones precedentes. Unos manipuladores disfrazados de políticos o unos políticos ejerciendo de manipuladores llegan a nuestras vidas erigiéndose en adalides de nuestros derechos y libertades utilizando nuestros sentimientos para medrar y alcanzar un puesto de privilegio para vivir de nuestros impuestos, muy bien por cierto. Ni engañan a nadie a estas alturas ni inventan nada. El truco está en no dejarse engatusar. Yo, a mi edad, ya no se lo permito a nadie, ni a curas con complejo de líder revolucionario, ni a concejales exdirectores de medios digitales. A nadie. Mi libertad la defiendo yo y me adhiero, como quiero y cuando quiero, a las causas que me parecen oportunas. Que pierdan toda esperanza quienes crean que por gritar cuatro consignas que incluyan palabras como “iglesia” o “cofradía” los cofrades vamos a aplaudir cualquier cosa.

Hace ya meses que asistimos a un bochornoso intento de apropiación indebida –entiéndase el símil- por parte de VOX del movimiento cofrade, haciendo creer a sus fieles que entre sus preocupaciones prioritarias se encuentran las hermandades y la iglesia –salvo cuando el Papa dice algo que no les gusta- y que son sus únicos defensores como lo son del rey, de la constitución, de la bandera y del mismísimo concepto de España. Una falacia que han comprado muchos, como muchos compraron en un pasado reciente que Podemos era un partido transversal hasta que el tipo de la coleta y el millón de amigas decidió hermanarse con Izquierda Hundida para evidenciar lo que siempre fueron, radicales comunistas. A partir de ahí llegó su caída sólo frenada por el afán fetichista de Falcon de Pedro Sánchez. Ni VOX es el único partido que defiende al rey, ni a la constitución, ni a la bandera, ni a España, ni muchos vamos a tolerar que se instaure entre el centro derecha la sensación de que aquellos entre cuyas filas ha habido muchos asesinados por defender todo esto que otros aseguran ser los únicos en defender son un hatajo de cobardes.

Y les reconozco que hubo un momento en que yo también piqué y les voté y no tengo problema alguno en reconocerlo públicamente. Fue en las últimas elecciones autonómicas, fíjense qué ironía. Unas elecciones a un parlamento que, según VOX no debería existir, pero del que comen unos cuantos parlamentarios desde entonces gracias a votos como el mío. Luego llegaron los insultos que sólo buscan dividir y no unir, que es lo que el centro derecha debería hacer para tener alguna posibilidad de gobernar, mi caída del caballo, a imagen y semejanza de la que sufrió san Pablo, y mi conversión. No encontrarán en mí quien diga que los votantes de VOX no son demócratas; lo son, al menos la inmensa mayoría de ellos. Pero de algunos de sus dirigentes, tengo más dudas. Y lo han demostrado con algunos de sus hechos. Primero llegaron las negativas a acreditar en sus actos a determinados medios de comunicación –de extrema izquierda, pero medios de comunicación, nos guste o no- y ahora el ataque furibundo a un medio, no precisamente sospechoso de defender postulados de la izquierda, tan humilde como libre para decir lo que piensa cuando lo estima oportuno.

Todo ello a cuenta de la ridícula exigencia al alcalde, José María Bellido, del concejal de VOX en el ayuntamiento de Córdoba, Rafael Saco, para que autorice una procesión “con la que está cayendo”, tal y como decía mi compañero Carlos Gómez: “con brotes multiplicándose por doquier y un aumento incontestable de positivos, ingresos hospitalarios y fallecimientos. Una negativa perfectamente asumida por todos los cofrades sin que se haya producido ni una sola voz altisonante en los últimos días”. “La procesión –proseguía Gómez-, que había sido autorizada por la subdelegación del gobierno como manifestación pública y no como procesión, como se autoriza cualquier evento que se deba celebrar en las calles, debía recibir el beneplácito del ayuntamiento en base a las atribuciones que les corresponden en esta nueva normalidad que estamos viviendo. Tal y como ha ocurrido con el resto de salidas procesionales que se debían haber producido en los últimos meses, así como las previstas para el mes de septiembre, no ha recibido la necesaria autorización”.

“Una medida, -insistía mi compañero-, asumida con absoluta normalidad por la inmensa mayoría de cofrades que no desean ser utilizados por ninguna formación política –por ninguna, enfatizo yo- y son los primeros en entender que no celebrar una procesión es la medida más lógica y cualquier otra posibilidad, una locura, entre otras cosas porque podrá controlarse la disposición del cortejo, pero jamás la del público salvo que se impida su presencia, con lo que el concepto de “protestación pública de fe” dejaría de tener sentido”. Y es que, como decía Carlos, “la postura de VOX, ridícula en el actual contexto, sobre todo porque compara de manera insólita procesiones con conciertos, parece querer poner su afán en abrirse hueco en el universo cofrade haciendo un absurdo brindis al sol toda vez que la procesión debía haber tenido lugar hoy –por el lunes- por lo que resulta imposible modificar a estas alturas cualquier decisión más allá de que cualquier cofrade entienda que carece de sentido celebrar cualquier acto de estas características. Si realmente VOX hubiese tenido interés en una rectificación por parte del gobierno municipal, la hubiese solicitado el pasado viernes, cuando la noticia fue difundida, y no a falta de unas horas para la procesión fallida”.

Pues bien, esta crítica legítima a una propuesta también legítima, ridícula e irresponsable pero legítima, ha sido respondida por el partido verde con un comentario bastante chusco en su página oficial de la conocida red social Facebook dando a entender –podría decir afirmando pero lo dejaremos en dando a entender- que Carlos Gómez defiende que es ridículo exigir que se autorice una procesión no por ser irracional e irresponsable sino porque Pachi Giraldo, que opina en libertad en Gente de Paz desde el origen de los tiempos con su columna semanal “En mi Huerto de los olivos”, fue candidato del Partido Popular en la localidad de San Sebastián de los Ballesteros en las últimas elecciones municipales. Comentario que ha sido jaleado con palabras como “masones”, lo que ha provocado una sonora carcajada en quien les escribe. Un argumento de peso –apréciese la ironía- tan absurdo como afirmar que hay un medio digital de Córdoba que trata con benevolencia a VOX porque su número dos en el ayuntamiento de la ciudad fue su directora. A nadie en su sano juicio se le ocurriría afirmar semejante memez, ¿verdad?

Sin ánimo de repetir lo que ya dijo mi compañero, sino más bien con la intención de subrayar, la exigencia de VOX es ridícula, como lo son otras propuestas -pretendidamente cofrades- precedentes, lo diga Agamenón o lo diga su porquero. Es absurdo comparar procesiones –con público moviéndose sin control- con conciertos, en los que el público está sentado. Es absurdo querer hacer creer que de verdad se pretendía una rectificación el lunes, horas antes de la hora en que la procesión estaba prevista cuando se sabía desde el viernes que no estaba autorizada. Y, sobre todo, es absurdo pensar que los cofrades somos idiotas y monolíticos y vamos a dejarnos manipular. Como aviso a navegantes: a lo largo de los siglos fueron muchos los que intentaron mangonear al movimiento cofrade sin lograrlo, desde párrocos a obispos, pasando por partidos políticos de diversa orientación política –alguno sigue haciéndolo en barrios como Palmeras-. Ni siquiera la dictadura de Franco logró controlar a las cofradías, convertidas en casi las únicas organizaciones con un funcionamiento libre y democrático cuando la democracia en España no era más que un sueño. Que nadie piense que ni VOX ni nadie va a lanzar cuatro consignas al aire y los cofrades vamos a acudir a la llamada como borreguitos, somos cofrades, no gilipollas. Por increíble que les pueda parecer –a mí en ocasiones también me lo parece- hay cofrades de extrema derecha, de derecha, de centro, de izquierda y hasta de extrema izquierda. E incluso los hay que pasan absolutamente de política.

Defender a las hermandades, sí. Manipular, no. Y aplicando la lógica, el sentido común. Los primeros que deseamos tener procesiones en la calle somos nosotros -mucho más que quienes pretenden auto proclamarse nuestros defensores sin que nadie les haya llamado-, pero por encima de las procesiones están los seres humanos, la vida. Por encima de las peleas de taberna para arañar un concejal más, está la seguridad. Y preferible es ir poco a poco, paso a paso, racheando y siempre de frente, que tener un parón insoportable para la cofradía, mortal para el cortejo. Si hay que sacrificarse ahora para que menos personas sufran para vencer cuanto antes a este miserable enemigo, recuperar la economía y nuestras vidas lo antes posible, procesiones incluidas, lo haremos. Desconozco si los dirigentes de VOX entenderán que los cofrades estamos acostumbrados a ir desde siempre “poquito a poco”, “sin correr”, pero les garantizo que quienes nos hemos criado oliendo a incienso, sí. En términos de cofradías, que se mide en siglos y no en años, doce o veinticuatro meses no son nada, vale mucho más la vida de nuestros padres y abuelos. Así que preocúpense por arrimar el hombro para construir entre todos, sin enfrentarnos a unos contra otros –que para eso ya tenemos a la extrema izquierda-, déjense de ridículas e irresponsables ocurrencias y saquen sus manos de nuestras cofradías.

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